Conviértete en un pescador artesanal en Puerto Gaviota

Conviértete en un pescador artesanal en Puerto Gaviota
Zona Fiordos - Canales

Habitado por una treintena de familias, Puerto Gaviota es un pueblo de pescadores artesanales ubicado en el remoto Parque Nacional Isla Magdalena, en el Canal Puyuhuapi. Atrévete a ir a este aislado lugar y a compartir con sus habitantes su vida diaria.

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Visita a localidad de Puerto Gaviota.

    Lugar de inicio: Tomando una embarcación en Puerto Cisnes o Puerto Chacabuco.

    Lugar de término: Puerto Gaviota

    Distancia del recorrido: Puerto Gaviota se encuentra aprox. 65 km de Puerto Cisnes, por navegación. Desde la isla, depende del circuito que hagas.

    Duración de la actividad: Los días que decidas quedarte.

    Estacionalidad: Todo el año

    Consideraciones especialidades: El aislamiento de la zona hace necesario coordinar bien tu visita. Anda con tiempo. Puedes obtener información pertinente a la isla y tu viaje en Facebook: Puerto gaviota XI región.

    Reservas: Para llegar, puedes hacerlo en las barcazas de Naviera Austral - www.navieraustral.cl o en uno los servicios de traslado de pasajeros en lancha desde Puerto Cisnes: Oscar Barría, contacto: 9 82139452; Juan Carlos Torres, contacto:   9 82400063; demersalcisnes@hotmail.com;  Arturo Ruiz, contacto:  9 95030057; ruizruiz69@hotmail.com; o Claudio Matamala, contacto: 9 87428544; claudiomatsalazar@gmail.com.

A Puerto Gaviota sólo se puede llegar por vía marítima, ese mismo mar que los aleja del resto del mundo y que da la razón de ser a su existencia. Adosado al Parque Nacional Isla Magdalena, el pueblo fue oficialmente fundado recién en 1999. En la década de los 80 llegaron los primeros habitantes en busca de la codiciada merluza austral, claro que no había ninguna infraestructura, así  que los pescadores se las ingeniaron y se instalaron en improvisados campamentos, conocidos como los “ranchos de nylon”. Unas precarias carpas plásticas para sortear el frío, montadas sobre cuatro palos, donde dormían en colchones y cocinaban en anafres.

Pronto llegaron también las mujeres y los hijos, surgiendo poco a poco poblados completos de plástico. Hablar de precariedad y miseria era poco para estos ranchos, pero gracias a las gestiones de los propios pobladores y de personajes como el Padre Antonio Ronchi, se lograron crear los poblados oficiales de Puerto Gaviota y Puerto Gala, llegando así la ayuda estatal, escuelas básicas y viviendas más cómodas. 

Si decides visitar el poblado debes considerar su aislamiento y planificar conforme a eso, ya que las barcazas no son diarias y a veces el mal tiempo hace que se retrasen horas e incluso días. Hay una residencial en el lugar, se llama Residencial Isla Magdalena, atendida por sus dueños: Yanko Betarce y Johana Briones y dos cabañas de la Sra. Blanca Morras Rathgeber (blanca.morras@gmail.com). No hay servicio médico de ninguna clase, por lo que debes llevar un botiquín y todos los medicamentos que creas que puedas necesitar. La electricidad se obtiene por un generador, pero es recomendable llevar linternas y velas por si acaso. Este aislamiento puede ser desafiante, pero al mismo tiempo te asegura que vas a conocer un sitio realmente único, donde nada sobra y el ingenio para reutilizar cumple un papel fundamental entre los habitantes. 

El poblado es recorrido por una pasarela de madera que va desde la rampa donde llega la barcaza hasta el otro extremo del lugar, conectando a casi todas las casas. Estando ahí te recomendamos hablar con los lugareños, comer merluza austral en todas sus versiones, escuchar las increíbles historias de sus vidas, contagiarte con su ritmo, desconectarte (literalmente) del mundo y unirte en actividades con los locales.

Por ejemplo puedes acompañar a los pescadores en su jornada diaria de trabajo. En realidad las labores empiezan el día anterior preparando la carnada, donde te aseguramos buenas conversaciones y enseñanzas. El día de la pesca debes levantarte muy temprano y desayunar bien para poder afrontar la jornada. El proceso consistirá en navegar hasta un buen punto de pesca, colocar la boya donde cuelgan los espineles con la carnaza y esperar a que las merluzas piquen, para después retirarlos y sacar cada pescado a mano en la cubierta del barco. Todo un proceso artesanal.

Te recomendamos también realizar la caminata hasta Puerto Amparo a través de un sendero que casi está borrado por la densa vegetación del lugar, bosque de tipo valdiviano y con la mayor diversidad florística de toda la región. La ruta a Puerto Amparo te tomará entre 30 y 40 minutos caminando, la senda comienza detrás de la sala comunitaria y termina en la playa. Seguramente algún lugareño se animará a acompañarte y te explicará con mayor detalle los nombres de cada planta y las historias de la cancha de fútbol al final del sendero, lugar de reunión del pueblo.  Si prefieres realizar el trayecto por vía marítima es posible hacerlo en una lancha o remando en un kayak si tienes experiencia. Circundando la península los vientos no deberían ser un problema, porque es una zona que se encuentra a resguardo y por ello fue elegida por los pescadores para asentarse originalmente. Desde el agua verás bancos de choritos, cholgas, erizos y otros moluscos que fueron la razón de las primeras expediciones a esta zona. Aunque suena apetitoso, no debes recoger mariscos por el riesgo a intoxicarte con marea roja. 

Si quieres ir en kayak a conocer la cueva de San Andrés, que se cree fue refugio de pescadores nómades, debes hacerlo con cuidado, porque tendrás que  salir hacia el canal Puyuhuapi y el viento repentino puede ser complicado. Si es así, pide el apoyo de una lancha para mayor seguridad.

Otra buena idea para aprovechar tu visita es hacer una excursión por vía marítima a los islotes de María Isabel, hogar de una gran diversidad de pájaros como pelícanos, cormoranes y  gaviotas. ¡Acá los verás por miles y miles! Y detrás del primer islote un mirador natural te dará vista privilegiada a las numerosas familias de lobos marinos que descansan en las rocas saliendo y entrando del mar. De seguro más de alguno se lanzará al agua para observarte, mal que mal,  tú eres el extraño aquí. 

Aunque es un poco desafiante en logística, tu visita a Puerto Gaviota puede convertirse en el recuerdo más valioso de tu viaje a la Patagonia, y ofrecerte un tiempo de aislamiento y desconexión difícil de repetir en otro sitio.

Notas

  • Nota 1

    La razón de nacer de Puerto Gaviota fue la pesca. Ésta sigue siendo su razón de permanecer. Nada mejor entonces para comprender la vida de un pescador que ser “pescador por un día”. A fin de prepararte para esta entretenida experiencia, proponemos familiarizarte con la rutina de la pesca vertical de la merluza austral:

    1. Preparar las carnadas: el día previo a la salida, cuando ya se confirma la jornada de pesca, ¡inicia tu conversión! Prepara tus dedos para que ágilmente logres ensartar la carnada en los anzuelos. Este tedioso proceso será amenizado con buenos mates y las aventuras contadas por tu maestro pescador.

    2. Levantarse temprano y tomar un buen desayuno: para encontrar y ubicarse en el mejor caladero, no hay que perder tiempo. Levántate muy temprano y toma un completo desayuno mientras amanece en los canales.

    3. Zarpar: en el punto acordado con tu maestro pescador, y a la hora convenida, se juntarán para iniciar el día de pesca. Sé puntual, ya que ¡al mar no le gustan los atrasos! Ayuda a soltar las amarras y déjate llevar.

    4. Buscar el lugar perfecto: la ubicación privilegiada de Puerto Gaviota está dada en particular por su cercanía con los mejores caladeros de merluza de toda la región. No será necesario viajar grandes distancias para llegar a un lugar óptimo, elegido por tu instructor pescador. Disfruta la travesía y el aire fresco de la mañana.

    5. Calar: Equipados con los espineles encarnados, buena ropa y alegría, llegas al área elegida por tu maestro pescador a quien ayudarás a colocar la boya de la cual cuelgan los espineles preparados el día anterior. Tal vez te deje elegir el color de la bandera que identificará “tus” espineles.

    6. Esperar: Mientras los peces se deciden  a morder el anzuelo, pueden retirarse del lugar y buscar una playa donde preparar una colación reponedora y preparadora para el momento más intenso del día, que aún te espera. Si bien el regreso al pueblo es una opción, te recomendamos aprovechar tu presencia en este hermoso entorno para conocer algún seno silencioso donde observar, por ejemplo, al Martín Pescador (Alcedo atthis). Este pájaro despeinado saca su presa del agua, al igual que tú, aunque por su pequeño tamaño, preferirá aquel pez pequeño que quepa en su largo pico. ¡Contempla sus hermosos colores y su estrategia de pesca!

    7. Recoger: Pasadas varias horas, volverán al caladero donde procederán a levantar los espineles. No te recomendamos participar en esta etapa ya que presenta importantes riesgos para quienes no están debidamente preparados. Motor apagado, tu maestro pescador te mostrará cómo recoger los espineles y desenganchar cada merluza, en un ritual a bordo que consiste en desprender el anzuelo, limpiarlo y tirar al mar los restos de carnada, para alimentar a las futuras presas. El botín es luego almacenado en unas cajas de frío y traído a puerto.

    8. El regreso a casa: tras este hermoso día compartiendo con tu valiente maestro pescador, regresarás a Puerto Gaviota a preparar tu propia merluza, transformado tras esta inolvidable experiencia.

    No vayas solo, y no te aventures cuando las condiciones de clima no lo permitan: los canales del Pacífico pueden convertirse rápidamente en canales bélicos.

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