Una caminata con historia por Chile Chico, la ciudad del sol

Una caminata con historia por Chile Chico, la ciudad del sol
Zona Chelenco

Las soleadas calles de Chile Chico guardan un sinfín de historias de tiempos en que esta ciudad, emplazada en la ribera sur del lago General Carrera fue epicentro del transporte y comercio para toda la zona sur de Aysén. Esta pequeña caminata te transportará desde la modernidad hacia sus años de bonanza, cuando llegaban colonos de varios rincones del mundo, llevando sus sueños, su cultura y su trabajo.

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Recorrido patrimonial por Chile Chico. 

    Lugar de inicio: Plaza de Armas. 

    Lugar de término: Hostería de la Patagonia o Restaurant La Merce. 

    Distancia del recorrido: 2 – 4 horas

    Duración de la actividad: 3- 4 km

    Estacionalidad: Todo el año.

    Consideraciones especiales: Para llegar a Chile Chico puedes hacerlo en barcaza desde Puerto Ibáñez, desde Argentina por Los Antiguos, o tomando la ruta X-265 que conecta con la Carretera Austral. 

    Reservas: Hay un amplia oferta de alojamiento, alimentación y servicios disponibles en Chile Chico.  

Chile Chico es uno de los pueblos más antiguos de la Región de Aysén. 

Arqueólogos nos cuentan que hubo seres humanos en la zona de Chile Chico hace por lo menos 10 mil años. Sus primeros habitantes chilenos llegaron a la zona en el año 1905, después de vivir duros años en Argentina, en una época en que escaseaba la hermandad con el país vecino. En estas nuevas tierras encontraron terrenos  aptos para la agricultura y ganadería, así  que comenzaron a asentarse y forjar una vida nueva. Pero, a pesar de estar en su patria, sus vidas no estuvieron exentas de problemas. Pocos años después, en 1917, enfrentaron el conflicto llamado la “Guerra de Chile Chico”, ya que las tierras que ocupaban fueron entregadas por el Estado a una sociedad ganadera que exigía su desalojo. Los colonos decidieron no devolverlas  y se enfrentaron a la policía, muriendo tres agricultores. Este hecho causó tanto impacto en la sociedad chilena, que el Gobierno se vio obligado a dar por terminado el contrato de arrendamiento y a consolidar la presencia de los colonos en la región. Es así que el 21 de Mayo de 1929 se fundó oficialmente el pueblo y desde ese instante, se construyó una escuela y a su alrededor comenzaron a levantarse las primeras viviendas de los pobladores. 

En las primeras décadas, el pueblo se sustentó en la ganadería, pero su crecimiento se logró  también gracias a su desarrollo como centro de comercio y transporte para la lana producida en todo el sector del lago General Carrera, incluyendo la zona del Baker. Fue la misma gente de Chile Chico la que  desarrolló  las primeras sendas por la zona del Paso Las Llaves y también por la costa norte del lago desde Puerto Ibáñez y la península Levicán, permitiendo a los troperos llegar hasta los mercados de Coyhaique. Pero, sin duda, la contribución más importante para el desarrollo de la zona fue el cabotaje lacustre con vapores como el Andes, Manolo, Chile, Argentina, Líbano y Cóndor, que convirtieron las aguas del lago en carreteras para el transporte, importación y exportación de productos, equipamiento y personas. 

Con esta capacidad ya instalada, Chile Chico se convirtió en el gran intermediario para las faenas mineras y la exportación de minerales durante las décadas de los 40 y 50, cuando esta zona fue la más importante del país para la extracción de plomo y zinc. En esos años se experimentó un gran aumento de hoteles, restaurantes, teatros, clubes de baile y de deporte; todos necesarios para satisfacer las necesidades sociales de una ciudad cada vez más y más cosmopolita y representativa de su nombre. Chile Chico era una verdadera versión pequeña del país, igualmente llena de recursos y culturas. 

Lamentablemente, avances en otros sectores de la región superaron las ventajas que posee Chile Chico. Las sendas por el norte fueron mejorando y una vez que se abrió el camino entre Puerto Aysén e Ingeniero Ibáñez, en 1958, la importancia de Chile Chico como centro para el transporte disminuyó y la ciudad experimentó un retroceso económico, que fue empeorado por el término de las faenas de la Compañía Minera Aisén. 

Hoy en día, Chile Chico está reinventándose como centro de exportación para un “yacimiento” muy diferente: la producción de cerezas, gracias a su privilegiado microclima. Otra vez, esta pequeña ciudad a las orillas de lago General Carrera tiene un importante rol en el desarrollo nacional, ya que permite extender la temporada productiva de esta fruta y exportar a mercados asiáticos y europeos. 

Comienza tu recorrido en la Plaza de Armas de la ciudad.

Camina hacia el mirador Cerro Las Banderas para una visión general de la fisonomía del pueblo y su privilegiado emplazamiento en la ribera sur del lago General Carrera. El cerro se llama así porque en la década de los 60 los inmigrantes se hacían presentes izando la bandera de su nación alrededor de la chilena, demostrando la multiculturalidad de este pueblo, con la presencia de belgas, argentinos, peruanos, árabes, españoles y bolivianos, entre otros. 

Al bajar del cerro, es infaltable conocer el sitio de la antigua Escuela Pública (esq. Bernardo O’Higgins con Pedro González), sitio actual de la Gobernación Provincial y vestigio del comienzo de la edificación del pueblo, gracias a la visionaria primera profesora fiscal en el sector, doña Luisa Rabal Palma. El asentamiento urbano comenzó alrededor de este edificio. 

Pasa también por el Hotel Plaza (esq. Bernardo O`Higgins con calle Balmaceda). Construido en 1937 fue uno de los principales centros de esparcimiento nocturno. Contaba con amplios salones, en los que incluso se instaló una sala de cine, y recibió ilustres personajes, como los expresidentes Carlos Ibáñez del Campo, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende y el poeta Pablo Neruda.

El recorrido del casco histórico lleva hasta el muelle y su recién inaugurada costanera. La construcción del puerto y la llegada de las primeras embarcaciones fueron vitales para la conexión con el resto del país y de los pueblos aledaños al lago. El mejor representante conservado de esos años es el Barco Andes, que comenzó a operar en 1922. Convertido en  museo, puedes visitarlo en la calle Bernardo O’Higgins, esq. Lautaro, al lado de la Casa de la Cultura.

Ya saliendo del pueblo por la calle principal Bernardo O’Higgins (Camino Internacional) verás una serie de casas que son testimonio de la colonización belga del año 1948. Fueron 48 personas entre adultos y niños que decidieron buscar una nueva vida al fin del mundo, después de la Segunda Guerra Mundial. Cruzaron el Atlántico hasta Punta Arenas, para después recorrer toda la pampa por Argentina en un convoy de 18 camiones de guerra, hasta terminar su travesía en las tierras de Chile Chico. Una buena forma de conocer su interesante historia es visitando unas de estas casas que han sido convertidas en restaurantes y alojamiento, como la Hostería de la Patagonia.

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