En Coyhaique, la historia se convierte en otro de sus deliciosos platos

En Coyhaique, la historia se convierte en otro de sus deliciosos platos
Zona Aysén - Simpson

A Aysén llegaron pioneros de distintas partes de Chile y del mundo. Los árabes que llegaron a la región cumplieron un rol importante en la formación de los primeros poblados, creando varios de los primeros boliches y negocios. También han dejado un legado importante en la gastronomía, fusionando ingredientes patagones con sus recetas.

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Gastronomía. Preparación de unos de los platos patrimoniales de la zona Aysén-Simpson.

    Lugar de inicio: El mercado o supermercado para comprar los ingredientes.

    Lugar de término: La mesa o el lugar donde lleves tu cocaví.

    Duración de la actividad: Depende de la habilidad del cocinero, pero en un par de horas deberías estar listo para disfrutar. 

    Estacionalidad: Todo el año.

    Consideraciones especiales: ¡Lleva un gran apetito!

    Reservas: No requiere.

Son experiencias poco habituales, pero hay algunos  momentos mágicos cuando uno entra a un restaurante o una tienda, y es transportado de inmediato a otra realidad, otro tiempo o espacio. Eso nos pasó una mañana en Coyhaique, cuando fuimos parte de una serie de circunstancias fascinantes, donde cada una de ellas se entrecruzó con la otra y fueron sumando coincidencias e influencias al sabor de nuestros viajes culinarios en Aysén.

En pleno centro de Coyhaique, a un costado de la Plaza de Armas, está la calle Carlos Condell, y caminando una cuadra se encuentra una tienda realmente maravillosa: la Librería Librería (En Facebook: La librería ). Está llena de literatura regional, pinceles, pinturas, papeles y otras miles de maravillas, ideal para informarse mejor y dar inspiración a sus viajes. Es verdaderamente una librería como las de antes, donde los dueños conocen al detalle sus productos, leen los libros y así pueden dar resúmenes y recomendaciones, además de que nunca se sabe cuándo pueden llegar visitas tan importantes como los autores Mateo Martinic o Danka Ivanoff, ambos escritores muy reconocidos por sus conocimientos y estudios de la historia patagónica. Nosotros vamos en busca de libros regionales que puedan darnos más información para nuestros viajes culinarios, con un contexto de los pobladores e influencias regionales. Ximena Figueroa Así, la dueña, nos saluda muy amable y, no solamente nos muestra el libro perfecto (Bolicheros y Pobladores, escrito por Danka Ivanoff), sino que también nos cuenta un poco del tema central de este libro, la influencia de los primeros bolicheros en la región, sobre la obtención de víveres en un lugar tan aislado, y el hecho de que MUCHOS de estos comerciantes fueron inmigrantes de Siria y Líbano, que escaparon del Imperio Otomano hacia el nuevo mundo.

Ella aprendió la historia de su abuela, Elena Bergogne, que era oriunda de Argentina, nacida en San Martín de Los Andes en una colonia francesa y una de las primeras en llegar a la Patagonia al sector del Ginger, cerca del río Senguer y Balmaceda en el año 1916. Su esposo, Carlos Asi Mustafa, abuelo de Ximena, era de origen Sirio, de Damasco, llegó a la región desde Puerto Montt, donde vivió antes de arribar a la Patagonia. La familia se dedicó al comercio, siempre fueron bolicheros, vivieron en Aysén, Balmaceda y luego se reubicaron en Coyhaique, donde vivían en una casa bordeando la plaza al costado de la catedral. Cuando se amplió la iglesia la casa familiar se trasladó y, para eso, familia y amigos hicieron una enorme “minga”, reubicando la casa completa un par de cuadras más al este, al otro lado de la calle de la librería, en la esquina de las calles Carlos Condell y 21 de Mayo, donde ahora se ubica el Café Oriente, de la familia Bus Sáez (Contacto: 67 2231622; 2238240). Este restaurante, famoso por sus desayunos y deliciosos lomitos, es nuestra próxima parada. Mientras mira por los ventanales, Ximena nos dice que el nombre del restaurante también hace honor al patrimonio árabe y que la suerte está de nuestro lado, porque va entrando don Omar Chible al café , quien comparte el patrimonio árabe y tiene grandes relatos relacionado con la vida de su papá, Abraham. Compramos el libro recomendado por Ximena, nos despedimos y cruzamos la calle para tener un nuevo encuentro con la historia.

El Café Oriente es uno de los sitios más conocidos y emblemáticos de la ciudad. Abierto prácticamente todos los días del año, es un imán para todos aquellos que quieren experimentar buena comida, la identidad y cultura aysenina. Es un lugar acogedor, donde la gente se queda por horas conversando o leyendo, y especialmente popular por sus desayunos. Cuando entramos al restaurante es fácil ubicar a Don Omar, sentado al lado de una ventana, con sus hijas Miriam y Patricia (Patty). Nos presentamos y les explicamos el motivo de nuestra visita a su mesa, y que gracias al encuentro que tuvimos con Ximena nació el deseo de aprender y conocer un poco más de su vida y del patrimonio árabe, así como de la influencia en la comida regional. Nos invitan a tomar asiento con ellos y mientras compartimos unos cafés, pailas de huevos y pan tostado, de a poco don Omar nos transporta a 1905, cuando su papá, Abraham Chible, toma la decisión que cambiará el destino de esta familia para siempre.

Su padre era de Siria, de un pueblo ubicado a 20 km de Damasco. Cuando ocurrió la gran invasión Turco Otomana e ingresaron a Siria, instauraron una política muy cruel en la que los niños no tenían el derecho de ir al colegio, y cuando cumplían 17 años estaban obligados a ir a la guerra, donde eran puestos al frente de sus batallas en aquella invasión. “Eran la carne de cañón”, nos cuenta. En 1905, cuando su padre cumplió los 17, se vio frente a esta disyuntiva y decidió emigrar. Se subió de polizón al primer barco que sabía lo podría sacar de ahí y estuvo escondido durante días, hasta que fue descubierto y bajado del barco en el primer puerto que recalaron.

“Quiso Dios y el destino, que el barco llegara directamente a Buenos Aires. Allí bajaron a mi padre y se encontró en ese lugar sin saber decir ni “agua” en castellano, sin conocer ninguna palabra, y de la noche a la mañana estaba en una ciudad totalmente extraña”. Su papá estuvo cuatro días durmiendo en el banco de una plaza sin comer y sin dinero. Estaba desesperado, hasta que escuchó gente hablando en árabe. Eran tres paisanos, como se dicen entre ellos, se acercó, se abrazaron, lo invitaron a almorzar, le dieron un poco de dinero y le explicaron cómo funcionaba este nuevo mundo. Así comenzó a trabajar en Buenos Aires, empezó a juntar dinero y, después de un tiempo, ya aprendió palabras en español y trabajó como mercachifle. Se trasladó a Mendoza y allí escuchó hablar por primera vez de la Patagonia argentina y sus oportunidades: grandes extensiones de tierras y campos para trabajar. No lo pensó dos veces y viajó al sur, trabajando como mercachifle mientras avanzaba a caballo hasta un sector llamado Ginger, cerca de Río Senguer, a unos 140 km de Balmaceda. Allí instaló su primer boliche, un negocio con piso de tierra y un mostrador grande.

“La Patagonia era conocida bajo el concepto de que la gente que había cometido un delito, se arrancaba a este lugar, porque aquí todavía no había ley, no había justicia, no había autoridades, no había nada. Al boliche de mi papá comenzaron a ir los peones de las distintas estancias, llegaban los fines de semana para comprar víveres, beber, comer, jugar a los naipes y a hacer carrera entre ellos. Así empezó a funcionar su negocio”. De esta manera Abraham se involucró en el mundo de la Patagonia, compartiendo con los gauchos, los jugadores y los villanos, como en una película. En Argentina, cada cinco años salía a fiscalizar una comisión de límites, integrada por un comisario y otros funcionarios, con el objetivo de hacer un censo ganadero. “Un día el comisario llegó al boliche de mi papá y le preguntó por sus documentos. Por supuesto mi papá no tenía ninguno, tenía solamente su pasaporte turco, porque tras la invasión a todos los árabes les dieron pasaporte de su país y por eso acá nos llamaban los turcos”, nos sigue relatando Omar. El comisario le exigió a Abraham un pago en dinero como soborno o tendría que abandonar el país, y entonces decidió cruzar a la Patagonia chilena. Avanzó hacia Río Mayo, lago Blanco, valle Huemules, y de allí, entró a Balmaceda en 1918, un año después de que el pueblo fuera fundado por don José Antolín Silva Romania.

“En ese tiempo la mitad del pueblo estaba compuesto por árabes: el peluquero, el panadero, el fotógrafo, el dueño del hotel eran árabes. De hecho, el abuelo de Ximena también era bolichero, descubrimos que son parientes, primos en segundo grado. Existían alrededor de 20 familias en Balmaceda, y fue allí donde mi padre fundó su negocio. En este lugar nacimos todos sus hijos, después nos casamos, tuvimos hijos y aquí están nuestros nietos y bisnietos”. Preguntamos sobre las tradiciones culinarias de su familia y don Omar nos explica que aprendió las recetas de su padre y se las enseñó a sus hijos para mantener la tradición, que acompañan con las comidas patagonas. “Somos hijos de padres de Siria y Francia, pero nacimos aquí y somos chilenos. Chilenos que mantienen un respeto por la cultura de sus padres y que tratamos de transmitir a nuestros hijos y, por lo tanto, van a encontrar que en Chile y también en Argentina, mucha gente está mezclando las dos cocinas: las tradiciones árabes y las tradiciones locales, produciendo una mezcla”.

Fotografías

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Recetas

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