Sabores caseros con vista al castillo

Sabores caseros con vista al castillo
Zona Chelenco

La cocina de La Casona tiene una vista incomparable a Cerro Castillo, esa montaña con puntas de roca y hielo, que es una de las imágenes insignes de Aysén. Aquí Mary Sandoval tiene un hermoso y tranquilo hostal, donde regalonea a sus invitados con sus comidas caseras y su pan recién horneado.

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Gastronomía. Preparación de unos de los platos típicos del Hospedaje La Casona.

    Lugar de inicio: El mercado o supermercado para comprar los ingredientes.

    Lugar de término: La mesa o el lugar donde lleves tu cocaví.

    Duración de la actividad: Depende de la habilidad del cocinero, pero en un par de horas deberías estar listo para disfrutar. 

    Estacionalidad: Todo el año.

    Consideraciones especiales: ¡Lleva un gran apetito!

    Reservas: No requiere.

El calor de la cocina a leña. Sujetar la calabaza del mate entre las manos. El aroma a pan recién horneado. La conversación sincera. Las risas. Los sabores. ¡Cómo amamos las cocinas patagonas! En especial las de campo, que distan de ser ese lugar con las puertas cerradas donde se preparan los alimentos, sino que son justamente lo contrario, espacios con las puertas abiertas para los visitantes como nosotros. En pocas palabras son el sitio que acoge, que integra, que nos hace sentir uno más de la casa. Si a eso le sumamos la fabulosa vista a Cerro Castillo como la que tiene la cocina del hospedaje La Casona (Teléfono: (09) 91389084), este lugar se transforma en el sitio perfecto, donde incluso podríamos quedarnos a dormir y no movernos más, aunque claro… la señora Mary Sandoval, dueña del lugar, no estaría tan entusiasmada como nosotros.

Este hospedaje se encuentra a pocos kilómetros de Villa Cerro Castillo, en el sector de Bajada Ibáñez, en la ruta que va hacia Puerto Ingeniero Ibáñez. “Las ventajas de este sector es que es fantástico, tranquilo, lejos de los centros poblados y con un paisaje maravilloso”, nos dice Mary orgullosa, indicando a ese monte de enormes puntas de hielo y roca, que se ha convertido en una de las montañas insignes de la Patagonia. Vuelve la mirada a su lavaplatos y se ríe cuando le decimos que con esa vista hasta lavar ollas es inspirador.

Esta colorida casona rosada tiene dos pisos, con un amplio living, habitaciones pequeñas, pero cómodas (solamente una con baño privado) y un gran jardín exterior muy bien cuidado, lleno de flores y espacios para disfrutar en un día soleado. En el sector de atrás, hay un quincho, donde son famosos los corderos al palo que preparan cuando viene un grupo grande. Mary abrió las puertas de este lugar a los visitantes en el año 2000. “Esta era la casa de mis padres. Acá vivían ellos y sus 10 hijos, por eso es una casa grande. Cuando ellos ya no estuvieron, yo me quedé en esta casa y pensé en hacer algo para poder mantenerla y aprovechar tanto espacio”.

Aunque dice que no es cocinera (cosa que desmentimos en forma tajante), se ha hecho buena fama por sus platos caseros y siempre recibe visitantes o grupos que quieren degustar una buena cazuela o algún guiso. “En las grandes ciudades se come más comida envasada, acá ofrezco comidas caseras. Yo hago el pan, las galletas, el kuchen, las mermeladas, que es diferente a lo que la gente vive diariamente y creo que eso gusta bastante”. Y al parecer, no solamente gusta, sino que la gente lo comenta, porque acá la mayoría de los visitantes llegan por el boca a boca, con mapa en mano y rogando que hayan cupos, ya que La Casona no está en el epicentro del turismo que es Villa Cerro Castillo y aún no ha llegado teléfono, ni internet y hay que estar suplicando por el milagro de una barrita de señal de celular. Es decir, comunicarse para reservar es prácticamente imposible y por eso los visitantes llegan de sorpresa. Sin embargo, se puede intentar, ya que la promesa es que, durante el próximo año, este sector recibirá su propia torre de señal y todo cambiará.

Si bien la desconexión es una desventaja frente a los demás negocios que sí están conectados en el pueblo, Mary, como buena patagona de tomo y lomo, siempre está preparada por si llega algún visitante y tiene guardados ingredientes, cosa de preparar rápidamente alguna de sus delicias. Y es que, finalmente, los ayseninos llevan esa costumbre en las venas desde la época de los pioneros, cuando no existía una infraestructura formal de alojamiento y alimentación para los viajeros que iban en busca de provisiones, estaban tropeando animales o tenían alguna complicación en el camino. Por lo tanto, la hospitalidad surgió como una necesidad de sus pobladores, que estaban acostumbrados a recibir visitantes a cualquier hora, cualquier día y, lógicamente, sin previo aviso. De hecho Mary nos cuenta que la casa siempre estaba llena cuando era niña, porque recibían a gente que pasaba desde Alto Ibáñez. La hospitalidad acá es parte de su propia historia.

“¿Qué quieren comer?”, nos había preguntado Mary en cuanto llegamos a visitarla y mientras dejamos las cosas en las habitaciones y descansamos un rato, ya tenía todo preparado: una exquisita cazuela de cordero, con ensalada a la chilena, pebre y tortas fritas. “Invito a la gente que venga a conocer, porque se va a encontrar con algo bueno, limpio, agradable, tranquilo y, más que nada, busco que la gente que viene acá se sienta parte de mi casa”.

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