Después de una expedición a Cerro Castillo, te esperan deliciosas recompensas

Después de una expedición a Cerro Castillo, te esperan deliciosas recompensas
Zona Chelenco

El trekking en la Reserva Nacional Cerro Castillo es uno de los más famosos de Aysén, a pesar de que no es un recorrido para principiantes y la infraestructura es básica. A los pies de la montaña esta Villa Cerro Castillo, con un restaurante donde hacen sándwiches del porte del plato, para reponer a los caminantes.

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Gastronomía. Preparación de unos de los platos típicos del Restaurante Villarrica.

    Lugar de inicio: El mercado o supermercado para comprar los ingredientes.

    Lugar de término: La mesa o el lugar donde lleves tu cocaví.

    Duración de la actividad: Depende de la habilidad del cocinero, pero en un par de horas deberías estar listo para disfrutar. 

    Estacionalidad: Todo el año.

    Consideraciones especiales: ¡Lleva un gran apetito!

    Reservas: No requiere

Tener ese enorme sándwich de milanesa frente a nuestros ojos y una deliciosa cerveza artesanal en nuestras manos, es como volver a la vida. La recompensa más generosa y exquisita que nos puede regalar la Patagonia, después de cuatro días de esfuerzo, ampollas y auto reproches por no estar en forma. Pero, partamos la historia desde el comienzo…

En nuestro viaje culinario por la Región de Aysén, con tantas degustaciones y cariño infinito de la gente, nos había sido imposible no ganar un par de kilos y sus consiguientes problemas de conciencia, así que habíamos decidido que ya era hora de ponernos outdoors y esforzar un poco nuestros cuerpos por las montañas de la Patagonia. ¿El lugar elegido? Cerro Castillo y su Reserva Nacional, una de las montañas insignes de la región y con un trekking que poco a poco se ha convertido en el más famoso de la zona, a pesar de que su infraestructura es muy básica. Nos habían dicho que no era un trekking para principiantes como nosotros, porque es exigente, el clima puede ser engañoso y la señalética cuesta encontrarla, por lo que decidimos ir con guías que nos ayudaran con toda la logística y no tener que preocuparnos de que nuestra aventura, se convirtiera en desventura.

El primer día caminamos 16 km entre el sector de Las Horquetas y campamento El Turbio. La caminata fue más que nada por pendientes suaves, pero sí hubo que vadear varios arroyos. Nuestros guías nos recomendaron en cada cruce sacarnos las botas de trekking, usar las zapatillas de repuesto para cruzar y volver a ponerse las botas con los pies secos, para así evitar las ampollas. Cumplimos religiosamente para no poner carga extra a esos pies que sabíamos iban a sufrir. Después de ponernos las botas de vuelta por última vez, fuimos al refugio de Conaf para registrarnos y pagar la entrada, y en un par de kilómetros más llegamos al campamento Río Turbio, donde armamos las carpas, mateamos y reímos con los guías, cenamos y nos fuimos a dormir orgullosos de nuestro exitoso primer día y de no estar tan cansados.

El segundo día fue más corto (8 km), pero mucho más duro y sentimos de inmediato la falta de ejercicio con piernas tiritonas y respiración agitada, que nos hacían parar a cada rato. Caminamos desde el campamento Río Turbio hasta el campamento El Bosque, cruzando el Portezuelo el Peñón, ubicado a 1.460 metros de altitud. La exigencia es fuerte, pero las vistas en este lugar son increíbles, con glaciares colgantes por todas partes, que nos animaban a seguir caminando. Luego bordeamos el arroyo del ventisquero El Peñón, para finalmente volver a subir hasta llegar al campamento El Bosque. Esa noche la cena se desarrolló sin risas, para caer tumbados en nuestros sacos de dormir y, en esta ocasión, no tan orgullosos.

El tercer día (9 km) fue el más intenso de todos, más que nada por la cantidad de tiempo caminando en acarreos de rocas y piedras, pero también por el viento, que a veces amenazaba con botarnos y nos obligaba a agacharnos. También fue el día más lindo, porque llegamos a la laguna color esmeralda a los pies del castillo y su imponente glaciar, que habíamos visto en tantas postales. Una cosa es ver el castillo de roca y hielo desde lejos, pero algo inolvidable y que pone la piel de gallina, es verlo de cerca con todos sus detalles. ¡Frente a esa postal olvidamos cualquier dolencia! Pasamos un buen rato ahí, para luego visitar un mirador con vista a todo el valle de Ibáñez, incluso hasta Argentina, y seguir caminando por acarreos, para llegar por fin a un bosque donde se encuentra el campamento Los Porteadores. Prácticamente reptamos a nuestra carpa después de una nueva cena de campamento, ya no teníamos energía de hablar. “Pero ánimo, porque nos queda la parte fácil”, nos dijimos antes de dormir.

El último día, los 10 km fueron casi enteros de bajada. Al principio estábamos felices, porque por fin podíamos respirar sin agitarnos, pero pronto nos dimos cuenta que la bajada era más difícil, porque uno se resbala, las rodillas sufren y ahora sí que las ampollas no nos perdonaron y cada paso se transformó en tortura. Después de varias horas salimos de la zona de bosques y llegamos a un campo con praderas donde pastaban algunas vacas, para luego encontrarnos de vuelta con el mundo real de autos, casas, comercio y gente que se quedaba mirando nuestro paso estilo “zombie”, arrastrando los pies.

Estábamos impactados de llegar a la civilización, después de estar completamente desconectados y sintiendo palmo a palmo la naturaleza, pero también alegres de llegar a nuestro hostal para bañarnos, descansar y poder saciar nuestros estómagos que gruñían. Nos habían recomendado el Restaurante Villarrica (Av. Bernardo O’Higgins 592, Villa Cerro Castillo) y sus enormes sándwiches y bistec a lo pobre, así que nos encaminamos al lugar después de una buena ducha y ponernos ropa limpia. Nos sentamos sin ganas de hablar y ordenamos con el ánimo de muertos en vida. En cosa de minutos llegó nuestra cerveza artesanal Caiquén, ( Contacto: 9 57190862. Email: cerveceriacaiquen@gmail.com) elaborada en la zona, y luego nuestros sándwiches de milanesa.

Y ahí estamos ahora mirando esos sándwiches… aún en silencio, agradecidos, casi sin poder creerlo, porque son del porte del plato. ¡Gigantes! Damos el primer mordisco y aparece como por milagro la primera sonrisa en nuestros rostros y, a medida que avanzamos en nuestra comilona, empiezan a surgir las carcajadas y las buenas anécdotas de nuestra aventura en la montaña. Es hora de pedir otra ronda de cervezas.

Fotografías

Fotografías que complementan este relato

Recetas

Los sabores y saberes gastronómicos pueden ser un aspecto inolvidable de tus recorridos en Aysén. Cada rincón ofrece sus propias recetas y platos. Descubre tus recetas favoritas aquí.

Servicios

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Alojamiento
Restaurant
  • La Querencia Av. Bernardo O'higgins, 522, Villa Cerro Castillo 6060000 Chile

  • Puesto Huemul Camino Estero del Bosque, Villa Cerro Castillo 60600 Chile

Actividades

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