Tras los mitos y leyendas del pirata Ñancúpel

Tras los mitos y leyendas del pirata Ñancúpel
Zona Fiordos - Canales

Recorre Melinka en el archipiélago de las Guaitecas, un lugar con vistas privilegiadas y con un sinnúmero de historias y leyendas, entre ellas, la del pirata Pedro Ñancúpel y sus asaltos. ¿Estás con suerte para encontrar su tesoro?

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Ruta escénica e histórica, más búsqueda de tesoro.

    Lugar de inicio: Melinka.

    Lugar de término: Melinka.

    Distancia del recorrido: Hasta el sector Faro Falso son aproximadamente 2 km. 

    Duración de la actividad: 2-6 horas.

    Estacionalidad: Todo el año. 

    Consideraciones especiales: Te recomendamos llevar un picnic para disfrutar en la playa.

    Reservas: Actividad autoguiada.c

Son innumerables las historias que se cuentan de Pedro Ñancúpel y no se sabe con certeza cuáles son reales y cuáles  parte de la leyenda que se formó en torno a este hombre nacido en 1837 en un pequeño caserío de Chiloé y que llegó a ser  uno de los piratas más temidos del archipiélago de las Guaitecas. 

Chiloé había sido anexado hacía pocas décadas a Chile y los cambios económicos, sociales y culturales que se estaban viviendo  eran resistidos por lo naturales de las islas. Muchos veían en Ciriaco Álvarez, conocido como el Rey del Ciprés, el origen de este mal. Él tenía el poder económico en alianza con el poder político de la zona, y era amo y señor en gran parte de Chiloé.  Ñancúpel se rebeló contra sus patrones y decidió migrar a Las Guaitecas para labrar su propio destino. Rebelarse contra el Rey del Ciprés, era hacerlo también  contra la autoridad del Gobierno de Chile, por lo que se convirtió en un mito de la resistencia ante el invasor.  

Zarpó desde Chiloé rumbo a las Guaitecas con provisiones, escopeta y pólvora, en busca de su hermano Juan, quien se dedicaba a cazar coipos y nutrias en las distintas islas del archipiélago junto a su sobrino y un guaitequero. 

Ñancúpel los convenció fácilmente de que robando pieles se harían millonarios y decidieron atacar a una cuadrilla de cazadores que estaban en el lugar. Los mataron, les robaron las pieles, las armas y la mercadería, y escondieron los cadáveres en una caverna. Con estas armas y provisiones empezaron a recorrer las islas en busca de otras cuadrillas para robarles, comenzando así una seguidilla de brutales crímenes. Muchos de ellos  se conocieron  con el paso de los años, debido a  que en esta época no había control de la gente desaparecida y cuando alguien se extraviaba, lo atribuían a algún naufragio en el Golfo Corcovado.

Cada vez que tenía un cargamento completo,  Ñancúpel iba a vender sus productos a Melinka, Castro o Ancud, intercambiándolos por onzas de oro. Compraba pólvora, tiros, escopetas, víveres y partía a sus dominios, donde reinaba sembrando el terror y la muerte. 

Para algunos un héroe, para otros un ladrón y brutal asesino. Se dice que no tenía piedad por nadie y no respetaba ni género, ni edad. Algunas historias cuentan que incluso raptó a la joven mujer y al bebé de un capitán de un barco que asaltó y hundió. Los llevó a una cueva donde abusó de la mujer por tres días, para luego degollar al bebé frente a su madre y después  matarla a ella también.  

Otras historias son contradictorias con su imagen de cruel asesino. Se cuenta que entregaba víveres y cargamentos de pesca a poblaciones de indígenas, campesinos y trabajadores; que castigaba a los capitanes de barcos loberos que maltrataban a sus empleados; que jamás asaltaba barcos de los naturales de Chiloé; y que despreciaba a los que él denominaba “los poderosos”. Una imagen que se acerca más a una especie de Robin Hood de los mares, que a un criminal despiadado.

Cuando solamente le faltaba una víctima para completar los cien asesinatos (otros aseguran que fueron 200 y más), Ñancúpel fue apresado en Melinka y llevado a Chiloé. Fue fusilado en 1887, sin dar ninguna muestra de arrepentimiento. 

Hay poca información oficial de este pirata, pero de seguro podrás escuchar cientos de buenas historias conversando con los pobladores del Archipiélago de las Guaitecas. 

Si quieres explorar más en la leyenda de este personaje, te sugerimos que inviertas algunas horas en recorrer Melinka, principal poblado de las Guaitecas, y sus alrededores.  

Comienza avanzando desde el pueblo hacia el noreste, siguiendo la senda hacia el aeródromo. Más o menos en la mitad debes desviarte por un sendero que cruza el monte hacia una pequeña bahía rodeada de bosque siempre-verde. Aquí puedes probar tu suerte como buscador de tesoros,  ya que llegarás a la zona mítica de la famosa cueva del pirata Ñancúpel. Según cuenta la historia, habría enterrado un tesoro de pieles, muebles y oro en algún lugar de Melinka y muchos creen que fue en esta cueva, que actualmente lleva su nombre. 

Después, puedes seguir hacia otro sendero ubicado más al norte, donde comienza playa Raya, un hermoso sector protegido de los vientos, ideal para tomar un poco de sol o disfrutar de un día de campo. Otro lugar perfecto para un picnic frente al mar es el sector del Faro Falso. Si sales al norte del pueblo por el camino que avanza paralelo al mar, llegarás pronto a un paraje único de bosque siempre-verde, que es el hogar de un antiguo faro que iluminó estos mares por mucho tiempo.  La playa de este sector es hermosa y te invitará a  disfrutar y relajarte contemplando el mar, mientras imaginas las historias plagadas de contradicciones de este pirata. Si las leyendas de Ñancúpel son verdaderas ¡no te preocupes! Ya son historias antiguas y en las Guaitecas, los ritmos de la marea siguen adelante.

Notas

  • Nota 1

     A pesar de que administrativamente Melinka pertenece a la Región de Aysén, la historia de su fundación y colonos, las condiciones geográficas y el ecosistema del lugar se entrelazaron para plasmar la rica cultura chilota. El asentamiento de Melinka fue impulsado a mediados del siglo XIX por el empresario lituano Felipe Westhoff, a quien se le encomendó el aprovisionamiento de durmientes y la búsqueda de madera adecuada para la construcción de las líneas ferroviarias que unían Chile y el Perú, iniciándose así, la explotación maderera del ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum). Las cuadrillas encargadas de su extracción se embarcaban durante largas temporadas, en busca del preciado recurso. “Algo del estilo canoero pervive, se reproduce, se recrea y se reinventa desde finales del siglo XIX en adelante” (Saavedra, 2011). Los trabajadores, en su gran mayoría chilotes, no solo vinieron en la búsqueda de un trabajo o un porvenir, sino que colonizaron esta zona junto a sus familias, tradiciones y cultura. Estos trabajadores trajeron consigo sus artes de caza y pesca, trabajando paralelamente la captura del Lobo marino (Otaria flavescens) y del “Gato” o Huillín (Lontra provocax), así como la elaboración de pescado ahumado, especialmente con Róbalo (Centropomus undecimalis) y Cholga seca (Aulacomya atra). Estas faenas de origen chilote siempre se organizaron desde los capitales de empresarios privados, donde se pactaba previamente un acuerdo entre los cazadores loberos y los empresarios, conocido como “habilitación”. El trato consistía en proveerlos de insumos y víveres para sus largas temporadas en busca del recurso. Estas faenas chilotas se extienden hasta nuestros días, encontrándose aún las de pescado y cholga seca, pero prohibiéndose la de caza de pieles, a partir de la década del ‘80 del siglo XX (Saavedra, 2011).

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