Conoce las costumbres de las Guaitecas junto a su gente

Conoce las costumbres de las Guaitecas junto a su gente
Zona Fiordos - Canales

Este es un recorrido diferente, donde podrás empaparte de las costumbres y tradiciones del archipiélago de las Guaitecas a través del trabajo de su gente. Pescadores artesanales, carpinteros de ribera, navegantes de chalupas, productores de cholga, e historias llenas de anécdotas y sacrificio.

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Recorrido cultural, conociendo los trabajos tradicionales de las Guaitecas.

    Lugar de inicio: Donde tú elijas dentro las comunidades de Melinka y Repollal.

    Lugar de término: Donde tú elijas dentro las comunidades de Melinka y Repollal.

    Distancia del recorrido: Puedes diseñar tu propio circuito, contactando y visitando algunos de los cultores de las Guaitecas.

    Duración de la actividad: 1 – 3 horas

    Estacionalidad: Todo el año.

    Consideraciones especiales: Los cultores que mencionamos participaron del inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial que realizó el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Región de Aysén el 2013. Son personas que conservan uno o varios elementos de la cultura popular y nos ayudan a comprender la cultura local de las Guaitecas. No son empresarios, por lo que pueden no estar siempre disponibles para atenderte.

    Reservas: Para conocer el oficio de estas personas puedes contactarlos en avance y pedir una reunión.

      • María Edilia Pérez , Calle Costanera s/n, Melinka. Contacto: 9 66388116
      • José Vera , Angamos esquina Leucallen s/n, Melinka. Contacto: 9 77441826
      • José Arroyo, Angamos s/n, Melinka.  Contacto: 9 95973189; jose_arroyosilva@hotmail.com
      • María Griselda Nahuel ,  Felipe Westhoff s/n, Melinka. Contacto: 9 97939410
      • Cecilia Leviñanco, Repollal Alto s/n, Repollal. Contacto:  9 84550465
      • Albero Carimoney, Repollal Alto s/n, Repollal.

Guaitecas en lengua huilliche significa “paso al sur”.  Justamente en este archipiélago  comienza ese desconocido y fascinante territorio patagónico, donde todo el paisaje se llena de innumerables islas de todos los tamaños. Melinka y Repollal son los principales poblados del archipiélago, que no alcanza a más de 1.500 habitantes, 91,6% de ellos en Melinka. 

Hace aproximadamente seis mil  años estas costas fueron habitadas por indígenas canoeros, antecesores del pueblo chono. ¿Ya has escuchado hablar de ellos? Los chonos fueron un pueblo nómade, dedicado fundamentalmente a la pesca, a la caza de lobos marinos y a la recolección de mariscos. Al igual que para los antiguos canoeros, el mar sigue jugando un rol fundamental para la población actual del archipiélago de las Guaitecas. Es su base económica, pero también en la de sus tradiciones e historias.

Acompáñanos a conocerlas, desde la mirada y manos de su gente.

Una experta del luche  

María Edilia Pérez llegó a los 15 años desde Chiloé, cuando Melinka no era más que bosques y uno que otro caserío. Se casó a los 18, tuvo 12 hijos y enviudó hace ya muchos años, pero ha seguido adelante gracias a su oficio de  recolectora y productora de luche, aprendido  de otras mujeres de Melinka que antiguamente trabajaban en el rubro. Extrae el alga de las playas en los meses de agosto, septiembre y octubre, cuando el luche tiene el mayor tamaño. Llena un balde de 20 litros, raspando con las manos las piedras en que se depositó el alga, para luego secarlo al aire libre por uno o dos días, deshilacharlo y cocinarlo para formar cubos, conocidos como panes de luche. Esta alga  es utilizada en varias recetas, como empanadas, salsas, guisos, sopas, ensaladas, entre otros.

El navegante de chalupas 

José Vera nació en Melinka en 1972 y ha trabajado los productos del mar toda su vida. Ha sido recolector, pescador artesanal y buzo mariscador. Es uno de los pocos navegantes que sabe manejar una embarcación a vela, o chalupa como le dicen en el poblado. Aprendió de su padre y éste del suyo , convirtiéndose en un conocimiento tradicional que se ha mantenido de generación en generación, y que en la actualidad tiene un gran riesgo de desaparecer. Navegar en chalupa es una técnica peligrosa,  es fácil que se dé vuelta si la persona no tiene el conocimiento previo de los vientos y mareas. En la actualidad José se dedica al buceo, práctica que realiza hace aproximadamente veinte años, recolectando erizos y alga luga.

El artista de la madera

José Arroyo nació en 1971 en la ciudad de Puerto Montt y llegó a los 16 años a Melinka. Su madre es originaria de Melinka y su padre de Chiloé, un experto en madera, de quien aprendió el oficio. Además de las faenas de pesca, José es un experto tallador realizando réplicas de barcos en miniatura, mesas y labrados de animales como delfines, lobos de mar y aves, entre otros. Todo lo realiza con maderas nobles como alerce y ciprés, que recoge en las playas.

Manos tejedoras de fibras vegetales 

María Griselda Nahuel nació en 1938 en Chiloé. Llegó a Melinka con 15 años junto a su mamá y hermanos, donde aprendió a trabajar la cholga y el pescado. Cuando se casó, dejó de trabajar en el mar y se dedicó a su labor en la  casa y a cuidar a sus diez hijos. ¡María tiene nietos, bisnietos y hasta tataranietos! De pequeña su madre le enseñó a trabajar el junquillo, haciendo canastos. Esta es una planta nativa que crece en praderas húmedas del centro y sur de Chile, la señora María la corta, deja secar al sol y transforma en largas hebras para crear sin molde alguno, canastos y todo tipo de figuras, incluidas  aves. Y como nunca es tarde para aprender, hace pocos  años empezó a hacer tejidos en manila, una herbácea perenne.

Una cultora de cholga seca

Cecilia Leviñanco nació en Chiloé, vive en Melinka y es una experta en el complejo arte de secar cholga, un marisco bivalvo. Primero debe recolectar los mariscos, para luego cocinarlos en un tambor con agua de mar, desconcharlos y secarlos junto a un  fogón. Después viene la etapa de formar tiras para colgarlos y ahumarlos, para finalizar con el trenzado.  Actualmente, las actividades asociadas a los recursos bentónicos del litoral, se encuentran limitadas por la presencia de marea roja en muchas zonas históricamente usadas por los pobladores para la extracción de alimentos. A pesar de esto, el oficio se mantiene vivo en las comunidades.

Maestros carpinteros de ribera

Alberto Carimoney nació en 1930 en Chiloé, vive en el sector de Repollal y es un experto en la construcción de chalupas, proceso que hace sin máquinas, solamente con un hacha de mano, martillo y un cepillo. Primero consigue madera de ciprés seca y comienza a darle la forma característica de la chalupa, ablandando la madera con vapor de agua,  luego le da  resistencia con otras maderas, entabla y confecciona las velas, palos, cables y cabos que mantienen firme los mástiles. La chalupa en la actualidad se sigue utilizando, pero en menor medida la navegación a vela,   porque a la chalupa se le puede adaptar un motor.

Jorge Eduardo Piucol nació en  1950 en la localidad de Repollal y también realiza este oficio, construyendo chalupas y botes. En el caso de las chalupas, tanto su proa como su popa terminan en punta, en cambio en el bote, su proa termina en punta y la popa tiene una terminación recta, por lo que es más fácil su construcción. Hace embarcaciones a pedido y se demora entre un mes y un mes y medio en hacer una embarcación.

Notas

  • Nota 1

    Fibras vegetales y el arte de la cestería: El tejido de las fibras vegetales es una antigua tradición que ha servido a lo largo de la historia de los pueblos con fines estructurales para dar firmeza a sus construcciones, para almacenaje en el caso de las cestas, y también como una expresión artística y cultural. Aprende cuáles son las principales fibras que se emplean.

    La cestería es el arte de trabajar las fibras naturales, por medio del entramado, entrelazando (técnica de aduja o espiral) y/o costurándolas. Oficio tradicional, principalmente practicado por mujeres, en el que se han utilizado diversas fibras vegetales, siendo las más comunes la Totora (Typha angustifolia), el Mimbre (Salix fragilis), la Paja de trigo (Triticum aestivum), el Chupón (Greigia sphacelata), los tallos del Copihue (Lapageria rosea), la Ñocha o Manila (Greigia landbeckii), el Boqui (Boquila trifoliolata) y la Quilineja (Luzuriaga polyphylla), la dos últimas muy comunes en Chiloé. Algunas de estas fibras fueron en otros tiempos empleadas también por chonos y veliches para amarrar sus embarcaciones y reparos terrestres. 

    Si bien la confección de cestería fue y sigue siendo con fines principalmente utilitarios (canastos para la recolección y la guarda de alimentos, paneras, individuales de mesa, ceniceros, maceteros, etc.), se crean también objetos con fines decorativos como la cuelga de pájaros y mitología, donde incluso la extracción de la manila generalmente es realizada de acuerdo a fases lunares.

  • Nota 2

     A pesar de que administrativamente Melinka pertenece a la Región de Aysén, la historia de su fundación y colonos, las condiciones geográficas y el ecosistema del lugar se entrelazaron para plasmar la rica cultura chilota. El asentamiento de Melinka fue impulsado a mediados del siglo XIX por el empresario lituano Felipe Westhoff, a quien se le encomendó el aprovisionamiento de durmientes y la búsqueda de madera adecuada para la construcción de las líneas ferroviarias que unían Chile y el Perú, iniciándose así, la explotación maderera del ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum). Las cuadrillas encargadas de su extracción se embarcaban durante largas temporadas, en busca del preciado recurso. “Algo del estilo canoero pervive, se reproduce, se recrea y se reinventa desde finales del siglo XIX en adelante” (Saavedra, 2011). Los trabajadores, en su gran mayoría chilotes, no solo vinieron en la búsqueda de un trabajo o un porvenir, sino que colonizaron esta zona junto a sus familias, tradiciones y cultura. Estos trabajadores trajeron consigo sus artes de caza y pesca, trabajando paralelamente la captura del Lobo marino (Otaria flavescens) y del “Gato” o Huillín (Lontra provocax), así como la elaboración de pescado ahumado, especialmente con Róbalo (Centropomus undecimalis) y Cholga seca (Aulacomya atra). Estas faenas de origen chilote siempre se organizaron desde los capitales de empresarios privados, donde se pactaba previamente un acuerdo entre los cazadores loberos y los empresarios, conocido como “habilitación”. El trato consistía en proveerlos de insumos y víveres para sus largas temporadas en busca del recurso. Estas faenas chilotas se extienden hasta nuestros días, encontrándose aún las de pescado y cholga seca, pero prohibiéndose la de caza de pieles, a partir de la década del ‘80 del siglo XX (Saavedra, 2011).

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