En busca de la reina de los mares

En busca de la reina de los mares
Zona Fiordos - Canales

El tempestuoso mar del Golfo Corcovado es conocido como el área con mayor índice de avistamiento de ballenas azules en todo el hemisferio sur. No es fácil verlas, pero tampoco es imposible. Desde Melinka y desde la lujosa y desconocida Isla Jéchica, salen excursiones que intentan el milagro. ¿Te animas?

  • Ficha Técnica

    Tipo de actividad: Avistamiento de ballenas

    Lugar de inicio: Melinka.

    Lugar de término: Isla Jéchica.

    Distancia del recorrido: Depende del circuito que hagas. 

    Duración de la actividad: Cuatro horas hasta varios días, depende del circuito que hagas.

    Estacionalidad: Diciembre a marzo. 

    Consideraciones especiales: No es fácil ubicar y avistar ballenas, por lo tanto, no pueden garantizar éxito en cada excursión.  

    Reservas: Es necesario organizar tu excursión en avance. 

    Para organizar tu excursión, sugerimos contactar:

      • Navegaciones en Melinka: Archipiélagos de la Patagonia ofrece navegaciones en los alrededores y golfo Corcovado. Contacto: 9 965889248; psoto@gmail.com; www.alapatagonia.cl
      • Isla Jéchica Marina y Refugio. Contacto: Teléfonos Satelitales 562 24217000;  24217001; contacto@islajechica.cl; www.islajechica.cl

Cuando uno revisa las crónicas de viaje de los exploradores antiguos que recorrieron los mares australes, no cabe duda de que las ballenas abundaban. “Vimos innumerables pingüinos, muchos pescados menudos y millares de ballenas, de manera que andábamos barloventeando por no dar en ellas”, relataban por ejemplo Willem Schouten y Jacob Le Maire, en 1616. 

Pero luego vino la industria ballenera - cuando los cetáceos se convirtieron en un producto altamente rentable y codiciado en todo el mundo- , que casi los llevó a la extinción. Una de las más afectadas fue la ballena azul, la más grande de todas las especies, de la que se dice mataron más del 97% de su población mundial. De hecho hubo largos años en que no se registró ningún avistamiento de ella en los mares chilenos. Cero. Pero, hace aproximadamente una década, científicos chilenos del Centro de Conservación Cetácea (www.ccc-chile.org), y Centro Ballena Azul (Facebook: Centro Ballena Azul), comenzaron a ser testigos de un milagro: ¡las gigantes estaban de regreso!

En  2003, el biólogo marino de la Universidad Austral, Rodrigo Hucke, publicó un paper en la Royal Society – la academia de Ciencias del Reino Unido – llamado “Descubrimiento de una zona de alimentación y recuperación de las ballenas azules en el sur de Chile”. Después de esto, comenzaron a llegar al golfo decenas de científicos, ecologistas y canales - como BBC -  para filmar a estas ballenas. Hoy, la zona del Golfo Corcovado y el noroeste de la Isla de Chiloé, es reconocido por la comunidad científica internacional como el área con el mayor índice de avistamiento de ballenas azules en todo el hemisferio sur. Se dice que no hay más de 3 mil en todos los mares del mundo, pero en este lugar  se estima una población de más de 300 y ya hay unos 160 individuos identificados fotográficamente.

Claro que verlas no es tan fácil, es cosa de mirar en un mapa para ver lo enorme que es este golfo: son más de 90 km de largo, por 45 km  de ancho. A eso hay que sumar un mar siempre tempestuoso, un clima adverso, que estas ballenas nadan a 25 km/h (pueden llegar a los 50 km/h) y apenas salen a la superficie un minuto para respirar y volver a desaparecer en las profundidades del mar. Además por su gran tamaño, con ejemplares que pueden llegar a los 30 metros de largo y 200 toneladas de peso, no son animales acrobáticos como otras ballenas. Lo más frecuente es ver el denso chorro de agua que lanzan al respirar y, con un poco más de suerte, tener el privilegio de un encuentro cercano, viendo su aleta caudal, gigantesco lomo y espiráculos por donde respira. 

Para un primer encuentro, puedes ir al mirador panorámico de Melinka y buscar en el horizonte los chorros de agua que alcanzan hasta 10 metros de altura. Eso sí lleva un buen cortaviento y gorro, porque el viento no da tregua en esta zona. Y para salir a navegar puedes contactar a Víctor Ruiz, quien ofrece excursiones por el día para ver azules, donde también es posible ver ballenas jorobadas, delfines australes, colonias de lobos marinos y una gran cantidad de aves marinas.

Otra opción es tomar algunos de los programas que ofrece la Isla Jéchica Marina y Refugio. Ubicada a unas tres horas y media de navegación desde Melinka, esta isla de 7.200 ha y en estado casi virgen, es el pequeño gran secreto de veleros y yates de todo el mundo que recorren estos mares y hacen una parada en busca de camas cómodas y comida gourmet. Aunque claro, no es necesario ser navegante para conocerla, simplemente hay que coordinar para que pasen a buscarte en Melinka y después dedicarte a disfrutar sus excursiones para ver fauna marina, sus senderos de caminata, travesías en kayak y sus instalaciones, que incluyen cabañas grandes y lujosas, club house, bar, biblioteca, internet y todas esas comodidades que parecen imposibles en un sitio tan remoto.  

Notas

  • Nota 1

    Los ecosistemas marinos del sur de Chile, en este caso el golfo Corcovado destacan por su sobresaliente biodiversidad gracias a una relativa abundancia en nutrientes para muchas especies de peces, aves, mamíferos marinos y flora marina. Destacando como temas emblemáticos la presencia de corales de agua fría y Ballenas azules (Balaenoptera musculus). Dada su importancia esta zona ha visto numerosos esfuerzos científicos y comunitarios para asegurar su conservación, haciendo particular hincapié, en la integración de estrategias que cuenten con la participación de actores locales gracias a un respaldo de información ecosistémica y socioeconómica de la zona. Iniciativas como los proyectos de identificación acústica de cetáceos que han permitido definir el denominado “canto chileno” entre las especies estudiadas (Buchan et al, 2014); la ubicación acústica de fauna emblemática del CIEP o de monitoreo acústico de ballenas azules del golfo Corcovado, que lidera Fundación MERI, buscan proporcionar información relevante para la conservación de esta emblemática especie, además de generar importantes impactos en el turismo y la ciencia.

     

  • Nota 2

     A pesar de que administrativamente Melinka pertenece a la Región de Aysén, la historia de su fundación y colonos, las condiciones geográficas y el ecosistema del lugar se entrelazaron para plasmar la rica cultura chilota. El asentamiento de Melinka fue impulsado a mediados del siglo XIX por el empresario lituano Felipe Westhoff, a quien se le encomendó el aprovisionamiento de durmientes y la búsqueda de madera adecuada para la construcción de las líneas ferroviarias que unían Chile y el Perú, iniciándose así, la explotación maderera del ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum). Las cuadrillas encargadas de su extracción se embarcaban durante largas temporadas, en busca del preciado recurso. “Algo del estilo canoero pervive, se reproduce, se recrea y se reinventa desde finales del siglo XIX en adelante” (Saavedra, 2011). Los trabajadores, en su gran mayoría chilotes, no solo vinieron en la búsqueda de un trabajo o un porvenir, sino que colonizaron esta zona junto a sus familias, tradiciones y cultura. Estos trabajadores trajeron consigo sus artes de caza y pesca, trabajando paralelamente la captura del Lobo marino (Otaria flavescens) y del “Gato” o Huillín (Lontra provocax), así como la elaboración de pescado ahumado, especialmente con Róbalo (Centropomus undecimalis) y Cholga seca (Aulacomya atra). Estas faenas de origen chilote siempre se organizaron desde los capitales de empresarios privados, donde se pactaba previamente un acuerdo entre los cazadores loberos y los empresarios, conocido como “habilitación”. El trato consistía en proveerlos de insumos y víveres para sus largas temporadas en busca del recurso. Estas faenas chilotas se extienden hasta nuestros días, encontrándose aún las de pescado y cholga seca, pero prohibiéndose la de caza de pieles, a partir de la década del ‘80 del siglo XX (Saavedra, 2011).

  • Nota 3

    Desde el comienzo de la actividad pesquera, el loco ha sido un recurso marino sobreexplotado debido a la gran demanda por los consumidores. Actualmente sabemos que es necesario respetar sus ciclos biológicos naturales para asegurar su existencia y crecimiento adecuado en el mar. El Loco (Concholepas concholepas) es una especie característica de Chile que habita la zona costera rocosa. Se alimenta principalmente de presas vivas, tales como almejas, picorocos, mitílidos y tunicados, aunque puede actuar como carroñero (Moreno & Reyes, 1988). Los locos se adhieren a las rocas marinas, desde donde son extraídos por los pescadores bentónicos del litoral. Ha sido un recurso de gran importancia para las comunidades litorales desde los inicios de la actividad pesquera. En la primera mitad de la década de los 80,   pleno siglo XX, se vivió en Chile y en las costas de la Región de Aysén, un verdadero “boom” por la recolección de este recurso que provocó la llegada de numerosos pescadores artesanales de distintas regiones del país. Durante la llamada “Fiebre del loco”, su extracción fue desmedida alcanzando máximos históricos de desembarque, con un promedio anual de 17.979 toneladas. Esta sobreexplotación provocó que en el año 1985 se declara una veda extractiva total del recurso. Actualmente esta restricción sigue vigente hasta diciembre de 2017, siendo los únicos autorizados para su extracción, los sindicatos de pescadores agrupados en zonas especiales llamadas Áreas de Manejo (Amerbs), quienes por medio de cuotas administran el recurso, determinando periodos y tallas mínimas para su extracción.

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