Entre cóndores, corderos y recetas en Coyhaique Alto

Entre cóndores, corderos y recetas en Coyhaique Alto
Zona Aysén - Simpson

A pocos kilómetros de Coyhaique se encuentra un mundo totalmente diferente, donde reinan las ovejas en los coironales y los cóndores en el cielo. En medio de ese paisaje, se encuentra la estancia Punta del Monte, donde la señora “Teruca” guarda un maravilloso secreto en su cocina, que comparte con nosotros. ¡Nada más ni nada menos que 70 recetas de cordero!

Justo donde la frontera con Argentina no es más que una línea imaginaria (no hay hitos geográficos que la separen), se mezclan pequeñas zonas boscosas, ríos, ganadería, quebradas con decenas de cóndores y cientos de kilómetros de pampa.

A esta zona se le conoce como Coyhaique Alto y se encuentra a menos de una hora desde la capital regional de Aysén. Ya en el kilómetro 35 pareciera que por arte de magia hubieran cambiado todo el paisaje: del verde y los bosques de ñirre, se pasa a una extensa estepa de coirones y comienza el reinado de las ovejas, que se convierten en dueñas de estas tierras de colores amarillos. Uno de esos reinos es la Estancia Punta del Monte (www.puntadelmonte.cl), que visitamos para conocer de cerca la vida típica de una estancia patagona.

Estancia Punta del Monte funciona desde 1976 como sociedad familiar, crían ovejas finas para la exportación de lana y consumo local de carne. Se ha hecho conocida por ser uno de los mejores lugares para ver cóndores en la zona, ya que aquí es posible visitar el “dormitorio” de estas enormes aves, y conocer donde empollan, crían y duermen. Se agrupan en condoreras, casi siempre en precipicios muy alejados de toda civilización y donde puedan conseguir comida con facilidad. Como son aves carroñeras, en general, es frecuente verlas donde hay mayor cantidad de pumas y pueden alimentarse de lo que ellos dejan. En el caso de la Estancia Punta del Monte, los cóndores se benefician de la muerte natural de las ovejas, especialmente en la época de nacimiento de crías (entre diciembre y enero). Cada mañana nuestra ave insigne realiza un mismo ritual mientras espera el aire tibio para poder planear, estirando sus alas una y otra vez como si fuera un ejercicio matutino. Debemos recordar que el cóndor mide unos tres metros con las alas extendidas, por lo que es un ave muy pesada y le cuesta aletear, en cambio, planea aprovechando las corrientes de aire ascendentes que aparecen con el sol.

Una vez que uno emprende el vuelo, comienza la función. De a poco empiezan a aparecer otro y otro, y logramos contar 17 planeando a un par de metros de nosotros, mostrando toda su envergadura. Aunque siempre es cosa de suerte, en algunas ocasiones se pueden avistar más de 30 cóndores. Imposible no emocionarse en este lugar y no somos la excepción ¿y cómo no? Es el ave voladora terrestre más grande del mundo y el avistamiento tiene de telón de fondo un increíble paisaje llamado el Valle de la luna. Una enorme planicie que pareciera no tener fin y que solo es interrumpida por algunas lomas, extrañas formaciones rocosas y la quebrada del río Ñirihuao, ubicado justo a los pies de la condorera. A medida que el sol sube, todo el valle se va tiñendo de colores y el paisaje parece tan irreal como una pintura o una foto trucada.

Aunque la mayoría de los visitantes llega a la estancia para ver este espectáculo de la naturaleza, nuestra recomendación es alojar allí mismo con la familia Galilea, para conocer de cerca la vida de estancia y degustar los exquisitos platos que prepara la señora Teresita Carillo Bórquez, conocida como “Teruca”. Ella, junto a Pablo, su marido, y Alejandro, uno de sus hijos, llevan adelante la estancia. Aquí uno no se siente como un turista, sino como un amigo más de la casa compartiendo la vida familiar. Se pueden visitar los establos y, dependiendo de la época, ver diferentes actividades con las ovejas, como el arreo, esquila, señalada, entre otros. Nosotros tenemos la oportunidad de observar la señalada —el marcaje en las orejas para reconocerlas— y cómo capan a los corderos, que en la Patagonia se suele hacer con la boca y no con herramientas. Nos encogemos un poco y entrecerramos los ojos al observar la técnica, pero también nos alegramos de poder ver in situ una tradición tan gaucha, de la que solo habíamos leído o visto en alguna foto.

Como buena estancia ovejera, los corderos tienen un rol protagónico en la cocina. Nuestra visita justo coincide con una reunión familiar y empieza con la preparación de dos corderos asados al palo, ensaladas y una sorpresa: un par de recetas especiales de “Teruca”. Nos cuenta que ha juntado recetas desde que llegaron a la estancia, porque siempre quiso probar cosas nuevas y aprovechar lo que tenían en el campo. Actualmente tiene alrededor de 70 recetas para preparar cordero (todas probadas y exitosas), que espera llevarlas a un libro. Tenemos la fortuna de probar Cordero con damascos (albaricoques) y un Puchero de cordero con trozos de pierna, porotos, salsa de tomate, perejil, ajo y ralladura de limón. Mientras todos celebran y van circulando los platos con trozos de cordero al palo, nosotros nos quedamos cerca de las ollas, para “cuidarlas” y asegurar que podamos seguir disfrutando un buen rato de una de las mejores preparaciones de cordero de todo nuestro viaje.

Fotografías

Fotografías que complementan este relato

RECETAS

Los sabores y saberes gastronómicos pueden ser un aspecto inolvidable de sus recorridos en Aysén. Cada rincón ofrece sus propios recetas y platos. Descubre tus recetas favoritas aquí.