Un festín entre corderos y cerezas en Bahía Jara

Un festín entre corderos y cerezas en Bahía Jara
Zona Chelenco

Hace unos 15 años Gloria Cárdenas y Carlos Martínez decidieron cambiar sus vidas y dedicarse al campo, logrando una de las chacras más productivas de Bahía Jara. Aquí las protagonistas son las cerezas, pero también la hospitalidad de los anfitriones y su buena mano en la cocina.

“Cerezos cuartel 1. Variedad: Bing y Van. Carlos y Gloria son felices”

Son las letras de un vistoso cartel amarillo en la entrada del huerto de cerezos de la Parcela Piedra Azul (Teléfono: (09) 98665000. Email: cmartinezsoto7@gmail.com), en Bahía Jara. Más que una tierna anécdota, detrás de esa frase se esconde el espíritu de este lugar: un matrimonio (Carlos Martínez y Gloria Cárdenas)que decidió cambiar de vida y que a punta de trabajo, esfuerzo y cariño, han logrado una de las chacras más hermosas y productivas de Bahía Jara.

En la parcela son famosos por su asado parado de cordero acompañado con salsa de cerezas. Justamente eso fue lo que queríamos degustar y llegamos en pleno verano, cuando la actividad en el campo es intensa. Es tiempo de cosechar, hacer mermeladas, conservas, recibir visitantes y, por supuesto, no desatender la buena gastronomía casera que se prepara en esta parcela. Para arribar a Bahía Jara hay que recorrer 17 km hacia al oeste de Chile Chico camino a Puerto Guadal. Ubicado junto al lago General Carrera, este sitio tiene un microclima privilegiado que lo convierte en un importante valle agrícola que produce todo tipo de hortalizas y frutas.

Las grandes protagonistas de la zona son las cerezas. Son más de 200 mil hectáreas plantadas entre grandes y pequeños productores, con un producto que ha resultado excelente y muy cotizado en países de Europa y Asia. Pequeños productores como la Parcela Piedra Azul están enfocados a la venta local y con cerezas 100% naturales, sin aplicar productos químicos. “Nos gusta que la gente pueda venir, cosechar ellos mismos su fruta y degustar el producto del mismo árbol”, nos cuenta Gloria mientras se encarama sobre una escalera y comienza a sacar frutos, y nosotros la ayudamos a degustar el producto hasta quedar con los labios y yemas de los dedos colorados.

Una de las primeras cosas que nos llama la atención en el huerto es que aquí el viento prácticamente no se siente. Los productores saben que para ser exitosos tienen que hacerle frente al viento, que acá es parte del paisaje todo el año, con rachas que pueden superar los 100 km/h. Para lograrlo, plantan junto a los frutales, hileras de álamos que funcionan como cortina para detenerlo, o a lo menos, suavizarlo. Cuando uno ve estos árboles larguiruchos en la región, es sinónimo de poblamiento, porque ahí están custodiando una casa, huerto o galpón. Además, en Piedra Azul, tienen un acuerdo con el productor de miel Avelino Jara y su empresa Colmenares Chile Chico (Camino Internacional, Chacra 10, Chile Chico. Teléfono: (09) 99913027). Ellos le prestan parte de la chacra para que tenga sus colmenares y así las abejas realizan la polinización de los árboles, asegurando una mayor productividad en la parcela.

Son parte de los secretos que tuvo que aprender este matrimonio para ser exitoso con su campo. Carlos y Gloria hace unos 15 años decidieron dar un giro a su vida y dedicarse al campo, para tener una vida más tranquila y con la visión de que esta zona privilegiada de microclima, puede convertirse en la despensa de la región en frutas, verduras y hortalizas. Aunque trabajan codo a codo la tierra, Carlos se enfoca más a la parte de ganadería de la chacra, con la producción de huevos, aves, corderos y vacunos. Gloria es la experta en la tierra, oficio que aprendió de niña en su natal Chiloé, y que acá demuestra con sus árboles frutales, plantaciones de hortalizas e invernaderos, además de sus conservas y mermeladas.

Dos veces a la semana sale a vender sus productos a Chile Chico, junto a otras seis mujeres del sector, que en el año 2000 fundaron la Agrupación de Mujeres del Valle de Bahía Jara, con el apoyo del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap) y la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer, (Prodemu). Hay que destacar el rol fundamental que han tenido las mujeres para impulsar la gastronomía en esta zona y, en realidad, de toda la región. Desde los tiempos de los pioneros, las mujeres fueron las encargadas de las huertas en sus casas, aportando con alimentos para la sobrevivencia básica del día a día e incorporando a la dieta nuevos alimentos ricos en vitaminas y el uso de hierbas medicinales, en un territorio donde el acceso a centros de salud era casi imposible. Varias décadas más tarde, comenzaron a agruparse, lograron ayuda de programas para mujeres campesinas y, lo más importante, han validado su actividad como un aporte trascendental para su familia.

Mientras cosechamos cerezas y Gloria nos cuenta de su agrupación, Carlos termina de preparar el fuego en su quincho y se aparece con el cordero faenado al hombro para prepararlo. Entre varios logran la primera parte, que es ensartar el asador y sujetar bien la carne. Cada maestro experto tiene su secreto y el de Carlos es hacerle un masaje de cerveza y sal a la carne, para que no se seque y quede con un sabor más suave. Finalmente coloca la carne junto al fuego y ahí estará por unas cuatro horas, siempre atento a cambiarlo de posición y cocinarlo lento para que no se seque.

Son cuatro horas que hay que aprovechar bien en armar los acompañamientos. Llegan algunos invitados y entre todos colaboramos, sacando de los invernaderos lechugas, pepinos y cilantro. Otros van a comprar en una parcela vecina papas, cebolla, ajo y tomate, y los niños van a probar suerte con la pesca en el lago. Gloria se mueve con una destreza envidiable en su cocina, entre picar hortalizas, preparar la masa para las tortas fritas, cocinar su salsa de cerezas, freír, decorar y preparar cereza sour. Entre ingrediente e ingrediente, van corriendo los mates, las buenas historias y también las horas. Pronto aparece Carlos diciendo que el asado ya está dorado y listo para servirse.

Circulan con rapidez los platos, servicios y fuentes de greda al quincho, porque el asado no puede pasarse del tiempo o quedaría seco. La mesa bien dispuesta, un salud con un exquisito Cereza sour y luego a cortar ese cordero, para regalarnos un festín patagónico inolvidable entre risas y los mejores anfitriones.

¡Pero la fiesta no termina ahí! Es tradición que después de un asado, la buena comida siga a la mañana siguiente con un contundente desayuno de campo. Es hora de recalentar la carne que quedó del asado y preparar nuevas Tortas fritas para comer con huevos revueltos, mermeladas, miel y una bebida caliente a gusto del comensal. Y bueno… si no hubo asado o no sobró carne, el desayuno será igualmente contundente, porque si hay algo que sobra en los campos de Aysén es el cariño y una de las formas de demostrarlo es agasajarnos con la comida. Carlos y Gloria sí son felices, y una visita a sus tierras lo demuestra y lo contagia.

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