Tranquilo, con lujo y sostenibilidad en El Puesto

Tranquilo, con lujo y sostenibilidad en El Puesto
Zona Chelenco

Tamara Ullrich y Francisco Croxatto crearon un refugio llamado El Puesto en el Valle Exploradores. Un lugar donde prima la tranquilidad, lo natural, el uso de tecnologías “verdes” y elementos de eficiencia energética, que los hizo recibir el sello de Alojamiento Sustentable, de Biosphere. ¿La comida? Su visión es volver a lo simple, casero y natural.

Ya hemos explicado que en Aysén, el concepto de lujo va mucho más allá de la perspectiva clásica de pisos de mármol y lámparas de cristal. Aquí se prefiere que el mármol quede en el lago, donde se forman hermosas catedrales naturales, y la palabra cristal está reservada para la descripción de algunas de las aguas más puras del planeta. En la Región de Aysén, el concepto de lujo se aplica a las experiencias memorables y únicas que se pueden vivir, como el sentido único de tener el hielo de un glaciar bajo los pies o desayunar con pan recién sacado del horno a leña, disfrutando de vistas a arcoíris y jardines. Y al final de cada día, el concepto de lujo se aplica a alojamientos únicos, acogedores y calentitos, con vistas hermosas y anfitriones amables e interesantes. También, es importante saber como visitante que uno está haciendo su parte para proteger y mantener la naturaleza prístina de la Patagonia, por lo tanto, el concepto de lujo se extiende a aquellos lugares ayseninos donde están priorizando el turismo sustentable cada día, a través de su arquitectura y sus valores empresariales.

En el Hostal El Puesto (www.elpuesto.cl), de Puerto Río Tranquilo, el lujo está brindado en todas estas maneras y, también, en sus ricas recetas que celebran los sabores y tradiciones de Aysén. Arribamos al hostal después de un día intenso, inmersos en la naturaleza de la zona de Chelenco, con una travesía por el Valle Exploradores. Desde el poblado corre un espectacular camino hacia la costa, que va bordeando bosques, ríos, lagos y montañas repletas de glaciares colgantes. Unos 52 kilómetros más allá —por lo menos una hora y media de viaje— está la entrada al mirador del glaciar Exploradores, 25 minutos de una corta y empinada caminata hasta tener vista a un imponente paisaje de hielo, rocas, pequeños riachuelos y el monte San Valentín, el más alto de la Patagonia. Pero nuestra aventura no termina ahí, ya que contratamos los servicios para hacer una caminata guiada sobre el glaciar. Después de conquistar la morrena frontal del glaciar, por fin alcanzamos el hielo y nos pusimos los crampones para seguir avanzando por esta masa de hielo. Ver un glaciar de lejos es hermoso, pero tenerlo bajo los pies, es una de las mejores experiencias que uno puede tener en la Patagonia, viendo sus colores que van del blanco al azul y su textura irregular, llena de pequeñas grietas, montículos, arroyos y sumideros que pueden llegar hasta la base del glaciar.

Fue una experiencia de lujo, hermosa e inolvidable, pero agotados, ya queríamos sentarnos y seguir disfrutando calentitos y cómodos del paisaje desde una ventana, deseo cumplido con creces, gracias al Hostal El Puesto, un auténtico refugio patagónico. Lo primero al llegar es quitarse los zapatos y calzarse las medias de lana de oveja, que guardan en un gran canasto en la entrada. Una perfecta manera de dejar atrás la lluvia, el viento o el barro y entrar a una dimensión de relajo para sentirse como en casa. Nos sentamos en los gigantes sofás del living, tomando un rico vino, disfrutando el calor del horno de leña y conversando con nuestra anfitriona, Tamara Ullrich Railton. Ahora el lujo del lugar nos rodea, no con mármol ni cristal, pero sí con madera por todos lados y grandes ventanas que se extienden desde el techo hasta el piso, permitiéndonos tener contacto con el mundo natural, sin dejar la comodidad del lugar. ¡La vista es encantadora! con las montañas de fondo y los hermosos jardines en primer plano, repletos de flores, como rosas, lavanda y camomila, frutas, como frambuesas, cerezas y manzanas, y hierbas culinarias como romero y menta.

Es un salón grande con un horno a leña y vista abierta hacia la cocina, así que mientras Tamara prepara la cena, nos cuenta un poco de su visión de sustentabilidad y las maneras en que ella y su marido, Francisco Croxatto, la implementan, a través de su hostal y expediciones. “A mí me gusta la comida casera. Por ejemplo, el pan de miel es receta de mi abuela, y en alguna manera quiero rescatar ese tipo de comidas. Hoy en día veo que todo es demasiado gourmet, todo es más procesado y elaborado. Necesitamos acercarnos a la casa, al calor, a las huertas, a estos sabores que casi se desconocen, todo ha sido tan “gourmetizado” que volver a lo antiguo es como reconectarse con el origen, con lo simple, con lo sencillo y lo natural, porque antes era todo mucho más natural”, nos cuenta. Desde que llegaron a Puerto Tranquilo hace unos 15 años, Tamara y Francisco han trabajado tratando de potenciar el tema de la sustentabilidad, apoyando un desarrollo comunitario que valoriza la naturaleza y la cultura intacta. Tamara es ingeniero agrónomo y ha trabajado con las mujeres campesinas, haciendo invernaderos, coordinando la construcción y la preparación de suelos, apoyando con semillas, ideas y asesorías para que las mujeres puedan mejorar la producción de sus huertas. También trabajan con los apicultores locales, llevando abejas y desarrollando proyectos para fortalecer sus capacidades. Por ejemplo, lograron llevar una centrífuga para que puedan procesar su propia miel.

Utilizan la miel todos los días en sus desayunos, como ingrediente protagonista en uno de los panes que sirven, una receta rescatada de su abuela. También hacen sus propias mermeladas y yogures. “Como agrónomo, siempre me ha gustado todo lo que tiene que ver con la agricultura, la huerta, las abejas, y siempre tuve la idea de auto producir aquí mismo lo que ofrecemos a la gente. Ojalá comprar lo menos posible afuera y tener todo hecho en casa, por nosotros”, nos explica. Tienen sus propias huertas en el sitio, donde cosechan lechugas, zanahorias, tomates y otras verduras, y también frutas como frutillas, grosellas y cerezas. “La idea es incorporar la mayor cantidad de productos autoproducidos en la cocina, e incluso pensamos más adelante que nuestros pasajeros puedan participar en las actividades de nuestra huerta y de la cocina, siempre bajo un concepto de sustentabilidad y de incorporar la gente local”.

La cena que nos ofrece es deliciosa y se siente la mano casera, pero contemporánea a la vez. Todos los huéspedes compartimos una gran mesa, comiendo al estilo familiar, y aprovechamos de compartir relatos de nuestros días y aventuras.

Comenzamos con una Sopa de acelga con sésamo y después, algunos optamos por Raviolis de salmón ahumado y, el resto, una deliciosa receta de Chuletas y entrecot de cordero con puré de arvejas y salsa de menta. Pero, el favorito de la noche es la Torta de zanahoria y nueces que pudimos oler en cuanto llegamos y nos tentó toda la tarde. ¡Exquisita! Especialmente con su cubierta de queso crema endulzado. 

A la mañana siguiente desayunamos con Francisco. Como arquitecto, ha incorporado muchas tecnologías “verdes” y elementos de eficiencia energética en el diseño arquitectónico del hostal, pensando en maximizar el uso de las energías pasivas. Cuentan con nueve habitaciones, todas con una decoración minimalista, pero cálida, usando mucha madera y lana. Utilizan termo paneles solares para la calefacción, tecnología LED de muy bajo consumo en la iluminación, grifería de última generación con ahorro de agua, productos de bajo impacto en la contaminación, y eliminan el malgasto de recursos, promoviendo minimizar el lavado de toallas y sábanas, el cuidado del agua y de la luz eléctrica en sus instalaciones. “Gracias a todas estas consideraciones, es que este año nuestra empresa ha sido certificada, obteniendo el sello de Alojamiento Sustentable de Biosphere, lo cual nos llena de orgullo”, nos cuenta Francisco.

Hace énfasis también en que no tienen televisores, ni teléfonos, elementos que siente distraen de la experiencia natural y simple que esperan entregar. Mientras nos cuenta miramos por la ventana y asentimos con la cabeza, porque aquí la tecnología no se extraña para nada. Nos basta la calidez de su hostal y esos paisajes con la luz perfecta que tenemos esa mañana.

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