Cocinando con la señora Clotilde en la Residencial de la Patagonia, Bahía Murta

Cocinando con la señora Clotilde en la Residencial de la Patagonia, Bahía Murta
Zona Chelenco

Clotilde Yáñez, dueña de la Residencial de la Patagonia, sabe muy bien de cocina patagona, especialmente las recetas antiguas que aprendió de su mamá, como su licor de frambuesa, mermeladas, conservas y platos como pavo al coñac. Una buena oportunidad de aprender y conectarse con la historia.

El primer paso para cocinar cualquier plato con la señora Clotilde Yáñez Avilés, es caminar con ella en sus hermosos jardines, en busca de las verduras, hierbas culinarias y otros ingredientes del día. Uno siente que está metido en un pequeño paraíso, rodeado por flores y arbustos frutales, gigantes nalcas y árboles de la zona, además de invernaderos meticulosamente mantenidos. Y todo a pasos de la puerta de la cocina, donde nos ofrece deliciosas recetas basadas en las bondades de una Patagonia auténtica, una Patagonia como la de antes. La señora Clotilde, dueña de la Residencial de la Patagonia (Teléfono: (09) 87259186. www.casaturismorural.cl/alojamiento), ubicada en la entrada de Bahía Murta, es hija de don Carlos Yáñez, un antiguo vecino de la zona quien trabajó con varios de los primeros estancieros y campesinos del lugar, en sectores como El Avellano y El León. Su familia vino a Bahía Murta en junio de 1949, donde establecieron su propio campo. “Mi papá se vino a Aysén desde Curacautín y mi mamá desde Los Ángeles”, nos cuenta. 

Conversando en el jardín sobre sus padres, Clotilde nos insta a que conozcamos su pequeño museo dedicado a la preservación de la historia y costumbres de esta zona, para que todos sus visitantes puedan aprender y conocer de la Patagonia como era antes. Ha llenado más de tres salones de herramientas patrimoniales, como por ejemplo las sogas, producidas hasta el día de hoy en la zona, antigüedades de su familia y de las casas de campos del sector. “Bahía Murta fue bautizada así por John Fletcher, un poblador muy antiguo que vivió en la estancia El León. Dicen que en sus andanzas encontró muchas matas que, según él, eran de murta, y así nació el nombre para el pueblo. Eso me lo contó mi padre, que trabajó con Fletcher tanto en El Avellano como en Río León. Se confundió, porque se ven casi igual, pero aquí no hay murta, hay abundancia de chaura, tanto en la altura como en la costa del lago”.

Seguimos a la señora Clotilde hasta la puerta de la casa, donde nos invita a pasar a su hermosa cocina, recién ampliada, que mezcla las tradiciones patagonas —como el horno de leña y la mesa familiar— con lo moderno que ha llegado a la región en los últimos años. Clotilde es una excelente cocinera, con un gran amor por la gastronomía, especialmente las recetas antiguas que aprendió de su mamá. Ofrece estos platos en su residencial, preparando abundantes almuerzos y cenas para sus huéspedes, además de mermeladas, conservas y un delicioso Licor casero de frambuesas, que se llama Mistela, “Me recuerda los días de fiesta y las visitas de los vecinos cuando mi mamá servía estos licores caseros. Los niños juntaban los frutos, y los hijos más grandes preparaban el licor, guiados por la mamá”

Clotilde nos relata también de sus recuerdos de la comida de su infancia. “Todos los que tenían campos en ese entonces, sembraban pasto, papas y hortalizas. Los aliños se secaban en el fogón, para que duraran todo el año. Se carneaba y se hacía charqui, se criaban gallinas, pavos y gansos para hacer cazuelas, todo se producía en el campo. Lo único que había que comprar forzosamente, era la yerba mate, que se adquiría en grandes barriles junto con la harina, el azúcar y arroz. Habiendo harina, se hacían fideos. En la casa había una plantita de trigo y la harina de esta planta se tostaba y se molía en una piedra. Después, los niños lo comían con azúcar y los adultos como un Cocho patagón, hecho con carne, agua hervida y aliños. Eso era el desayuno”

Nos cuenta también cómo el trabajo de todos era sincronizado con la naturaleza y sus estaciones, así todo tenía su propio ritmo. Por ejemplo, cada verano, se hacían los derivados de la leche como la mantequilla y el queso blando y fresco, que se consumía en la temporada. También, se fabricaba un queso preparado con agua hervida, para que durara hasta el invierno. Otra manera de preservar el queso era acondicionarlo en las tripas limpias que se guardaban de los asados estivales. En la mayoría de las casas de campo de este sector, criaban chanchos y grandes parvadas de pavos, la alimentación de los chanchos y el cuidado de los pavos estaba a cargo de los niños y a las niñas de la casa. Su mamá preparaba uno de los pavos para la Navidad y el resto, se los comía la familia durante el otoño e invierno, en ricas cazuelas y guisos. Otra faena de invierno era carnear un chancho en el campo: “Recuerdo la preparación de todas las comidas que se hacen de un carneo y el trabajo en familia. Todas las familias del sector criaban y faenaban chanchos, porque era costumbre en cada invierno. Se hacía charqui, jamones, tocino y chorizos, se hacía de todo”.

La señora Clotilde nos sorprende con un almuerzo muy especial, con todos los platos que su mamá normalmente preparaba para la Navidad. Comemos su famoso Pavo al coñac, que con el calor del verano murtino, la familia lo comía frío acompañado por una Ensalada rusa y pan o tortas fritas. La suerte nos brinda un día realmente fabuloso, soleado pero sin demasiado calor, así que decidimos disfrutar de las flores en el jardín con un gran picnic, en el mismo estilo en que Clotilde nos hacía recordar de su infancia. Todo es realmente delicioso y comemos como reyes, sin saber que nuestra anfitriona nos tiene guardado un secreto final. A punto de terminar, ella desaparece en dirección a la cocina y vuelve con cuatro elegantes botellas llenas de un jarabe vibrante y rosado. ¡Había preparado la Mistela de frambuesas para que pudiéramos probarla y llevar! De inmediato abrimos una botella para disfrutar de esta deliciosa miel de sol y verano, tan dulce con su sabor de frambuesas y tan lleno de cariño patagón.

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