Al igual que su caudal, la pesca y la comida en el río Baker son abundantes

Al igual que su caudal, la pesca y la comida en el río Baker son abundantes
Zona Baker - O'Higgins

El río Baker es uno de los más famosos de Aysén, por el llamativo color de sus aguas, por ser el más caudaloso de Chile, y por la pesca recreativa. Cercano a Puerto Bertrand hay varios lodges especializados, como el Green Baker Lodge, con una oferta orientada a toda la familia y una gastronomía sobresaliente.

El lago Bertrand recibe las aguas del lago General Carrera —el más grande de Chile— y, a su vez, da origen al río Baker, el más caudaloso del país. Justo ahí, entre estos dos gigantes de Aysén, hay un pequeño pueblo llamado Puerto Bertrand, con una nutrida actividad turística donde las aguas turquesas del río Baker son las protagonistas, en especial gracias a la pesca recreativa, con una serie de lodges especializados que a estas alturas ya son íconos mundiales.

Llegamos a uno de ellos a mediados de marzo, de noche, bajo una lluvia torrencial y con bastante frío, pero nos estaban esperando con nuestra cabaña calentita y el restaurante abierto para cenar. La temporada de pesca está en su límite, pero el Green Baker Lodge (www.greenlodgebaker.com), aún se mantiene lleno con aficionados y profesionales de esta práctica que ha llenado de fama a la región completa.

En Aysén las alternativas para la pesca recreativa abundan y desafían, por eso es considerado el mejor lugar en Chile y uno de los mejores a nivel mundial. Un pescador debe “leer las aguas” de un lago o río y entender las necesidades de un pez para poder predecir sus movimientos. Por eso, cada rincón de esta enorme gama de paisajes es una invitación para que el pescador pruebe suerte en sus aguas, atrapando truchas farios, arcoíris, salmones chinook, atlantic, entre muchas otras especies. El Baker es uno de los más famosos de la región y también uno de los más respetados. “Es un río muy técnico para pescar, incluso los profesionales de la pesca le temen”, nos asegura Mariano Peppi, administrador del Green Baker Lodge, invitándonos a una clase demostrativa a la mañana siguiente “si es que tenemos suerte y no está lloviendo así”, nos advierte.

Pero tenemos suerte ¡Y demasiada! No solamente amanece sin lluvia, sino que despejado y sin frío, así que tras el desayuno vamos a equiparnos con la ropa de pesca, unos pantalones con suspensores y bototos impermeables, que en jerga de pesca se llaman vadeadores. Gerardo, el guía de pesca que trabaja en el lodge hace 15 años, lleva cañas, líneas y moscas húmedas y juntos bajamos al río para tomar el bote cataraft.

Primero nos quedamos arriba del bote en un lugar donde las truchas suelen acercarse para comer hormigas. “En este sector no lanzamos esperando que pase una trucha, sino que primero miramos y si vemos un pez, ahí lanzamos la línea”, nos explica Mariano. En cosa de segundos Gerardo ve una trucha y Mariano con gran habilidad empieza a mover la caña para hacer su lanzamiento, también llamado “fly casting”. Y la suerte sigue de nuestro lado, porque la trucha pica de inmediato y es el primer trofeo de la mañana que, por supuesto, devolvemos al agua. “Como lodge nuestra política es la pesca con devolución, porque si no hay truchas, no hay clientes y sin clientes no hay turismo. Por eso somos bien estrictos y exigimos a nuestros clientes devolver los pescados”, nos cuenta. La idea no es solamente devolver al pez, sino que hacerlo con el menor daño posible, para que pueda subsistir una vez devuelto.

Seguimos pescando, esta vez probando nosotros mismos con la caña y los difíciles movimientos del casting, bajo las instrucciones de Mariano y Gerardo, quienes nos explican todo con mucha paciencia. Remontamos un poco el río, para probar suerte en un lugar que se llama “la isla”, donde queda un sector de piedras al descubierto cuando el río está bajo, pero con tanta lluvia, el Baker trae mucho caudal y no hay isla alguna, pero igualmente nuestros guías se bajan del bote, lo dejan anclado y mientras tanto observamos sus movimientos con las cañas. Con el paisaje idílico de fondo, pareciera que las líneas se movieran en cámara lenta, en perfecta sincronía con el río, el viento y las nubes.

Después de toda la mañana en el río, es hora de ir a probar las delicias que prepara el chef Jorge Urrutia. Trabaja hace siete años en el lodge, usando mayormente productos locales, como cordero, salmón y vacuno, pero siempre con un toque gourmet. “Me encanta este lugar, porque aquí al frente tengo mi acuario, siempre con paisajes lindos y muchos peces”, nos cuenta. Nos prepara una de sus especialidades, un exquisito Salmón a la plancha con salsa de alcaparras, que acompaña de un Timbal de verduras salteadas con quínoa. Y, como acá todo es abundante como el caudal del Baker, también probamos un Lomo de vacuno con salsa de champiñones y risotto de mote. ¡Delicioso!

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