Recetas de antaño en Tortel, la caleta de la madera

Recetas de antaño en Tortel, la caleta de la madera
Zona Baker - O'Higgins

Aunque Tortel lleva el nombre de caleta, no tuvo, ni tiene, una vocación pesquera. Lo que identifica a Caleta Tortel es la madera, que fue la razón por la cual se formó y la actividad que sigue primando. Valeria Landeros conoció este oficio desde pequeña, hasta que armó su residencial Brisas del Sur, donde ha encantado hasta príncipes con su comida casera.

Uno escucha hablar de una caleta y de inmediato se le viene a la mente una larga playa repleta de botes de pescadores y cocinerías donde ofrecen platos de mariscos y pescados, llenando todo el ambiente con olor a fritura y mar. En Caleta Tortel hay que desprenderse de inmediato de esa imagen, porque esta es una caleta totalmente diferente donde la costanera es una larga pasarela sobre un fiordo, las playas se encuentran en la desembocadura del río Baker y los botes no son para la pesca, sino que para movilizarse o trabajar la madera. Esta caleta no es de pescadores, así que muchos se sorprenden porque cuesta encontrar pescados o mariscos para comer —usualmente se traen desde Puerto Edén, en la Región de Magallanes—. Podríamos definirla como una caleta de la madera, que es su verdadera vocación y la razón de por qué se fundó.

Queremos conocer más de esta vocación maderera y por eso nos trasladamos en un “taxi-bote” hasta el otro extremo del pueblo, para alojar en la Residencial Brisas del Sur (Teléfono: (09) 56882723), donde nos espera su dueña, Valeria Landeros. Iryan Landeros, nacido en Cochrane, y Delia Sepúlveda, nacida en Chile Chico —los papás de Valeria— llegaron a Tortel el año 69, a caballo hasta lago Vargas y de ahí en bote hasta Tortel. Se asentaron en un campo cercano al glaciar Jorge Montt. Valeria era la mayor de siete hermanos y todos, sin importar edad ni sexo, debían ayudar en el trabajo para asegurar la subsistencia de la familia. “Mi papá hizo su casa, botes, lanchas, cercos, todo con la madera y todo a hacha. Yo llegué a los siete años y derecho a trabajar con la madera. Al principio no me podía un hacha, así que mi papá la cortaba, pero con mi mamá ayudábamos a acarrear la madera al hombro hasta las balsas y a encastillarla (apilarla). Recuerdo haber remado junto a él, tirando balsas de ciprés, con 2 mil postes hasta el río Pascua. Desde ahí la tomaba la barcaza de la Armada de Chile, que llevaba la madera cada tres meses a Punta Arenas”, nos relata.

Después de años trabajando la madera, Valeria escuchó por primera vez la palabra turismo, gracias a Marie Wright, una joven inglesa a cargo en la zona de los proyectos de Raleigh Internacional, organización sin fines de lucro que desarrolla programas con jóvenes de todo el mundo para ayudar en el desarrollo de una localidad. “Llegaron acá al campo y ella me preguntó por qué no trabajaba en turismo. En mi ignorancia no sabía qué era esa palabra nueva para mí, así que le pregunté y me explicó que eran personas como ellos, que venían de afuera a conocer y que necesitaban un lugar para dormir y comer. Ahí empecé a investigar, me gustó la idea y postulé a un fondo. Me costó mucho tiempo y mucho esfuerzo, pero acá estamos”.

Y así nació Brisas del Sur en el año 1999, cuatro años antes de que llegara la Carretera Austral y que Tortel se hiciera conocido. El año 2000 regresó Marie Wright con otro grupo. “Me dijo que estaba muy feliz de que estuviera trabajando en turismo y que venía con un grupo para que les enseñara a hacer pan. ¡A ella le encantaba mi pan! Lo probó varias veces en el campo. Me dijo que dentro del grupo venía el Príncipe Williams. Fue un grupo precioso y para mí en ese tiempo el Príncipe era un joven más solamente, hasta que después con los años me di cuenta que tuve a una persona tan famosa en mi casa”, recuerda riéndose.

Ha ido mejorando de a poco su residencial y ahora tiene siete habitaciones, con calefacción central y comida casera, que es el sello personal que le ha dado Valeria a su lugar, ofreciendo almuerzos y cenas donde prioriza las comidas típicas antiguas que se hacían en Tortel, cuando la harina era uno de los productos fundamentales para preparar prácticamente de todo. “Acá a veces no hay muchas cosas, por un tema de costos y lejanía del pueblo, pero hacemos carne, pollo y las típicas comidas antiguas, con las que a nosotros nos criaron. Para suplir la necesidad de esos años, se hacían pancutras, ñoquis, concones, tallarines caseros, todo con nuestras manos, porque no llegaba arroz ni fideos”.

Nos enseña a hacer una rica sopa de pancutras —también llamadas pantrucas en otros sectores de Chile—, que son masas elaboradas con agua, harina y un poco de aceite, amasadas como cualquier pasta y que se echan a un caldo de verduras o carne. En este caso, la masa también lleva verduras “porque me gusta innovar y que las cosas queden ricas”, y resulta una exquisita sopa, especial para el día de lluvia que tenemos en Tortel. De postre, nos dejamos regalonear con otra innovación de esta tortelina: un postre de nalca montado en una masa con forma de pangue (hoja de nalca). “A mí siempre me ha gustado hacer cosas nuevas, pero son cosas que se me ocurren, que no copio de otros lados. Uno tiene que innovar para captar clientes. A ellos les gustan los productos locales, sobre todo al extranjero. Y acá hay muchas cosas que podemos aprovechar como el calafate y la nalca”. Y aseguramos que Valeria sí que sabe aprovecharlos bien, porque su postre es delicioso, uno de los mejores que probamos a lo largo y ancho de toda la región.

Fotografías

Fotografías que complementan este relato

RECETAS

Los sabores y saberes gastronómicos pueden ser un aspecto inolvidable de sus recorridos en Aysén. Cada rincón ofrece sus propios recetas y platos. Descubre tus recetas favoritas aquí.

Servicios

Tripadvisor

Con nuestro “plug-in” con Trip Advisor, es facilísimo a ubicar los mejores servicios del alojamiento, alimentación y guías y compartir los opiniones y experiencias de otros viajeros. Aquí nos presenta los servicios en las cercanías de este sector.

Alojamientos
Restaurantes